Madrid. Cualquier día de otoño. Está lloviendo. Sonia se encuentra en casa. Está haciendo varias labores. Plancha, hace la cena, pregunta la lección a Marcos -su hijo de diez años. Aparentemente Sonia parece una ama de casa como otra cualquiera.La casa donde viven Sonia y Marcos también es la casa de Rubén. Rubén es el marido de Sonia y padre de Marcos. A ambos les quiere con locura. De puertas a fuera son una buena familia.
Rubén trabaja en una oficina cualquiera. Tiene un horario normal y un sueldo también normal. No tiene problemas en el trabajo. Rubén tiene un gusto. Este gusto es tomarse una cerveza o una copa de Johnny Walker con Coca-Cola a la salida del trabajo en el bar de debajo de su casa.

Sonia ha perdido la felicidad. Su cara no es la misma desde hace ya un tiempo hasta ahora. Sonia se maquilla en exceso para salir a la calle. De la noche a la mañana cubre sus ojos con unas gafas de sol de un tamaño considerable. Apenas se le ve el rostro.
Cuando Marcos está en el colegio y Rubén en la oficina, ella llora desconsolada en cualquier rincón de la casa. Su vida se le ha desmoronado. Antes de que Marcos llegue a casa para comer, ella lava su rostro para que su joven hijo no note nada. Le recibe con una sonrisa todos los días y, también con un beso en la mejilla. Esa sonrisa, sin embargo, ya no es la misma de antes. Está rota. Es una sonrisa triste.
Marcos nota algo raro en su madre. No dice nada. Marcos también tiene miedo. No sabe muy bien qué pasa. Papá es bueno, pero se comporta raro con mamá -piensa.
Mamá, esta mañana, en el recreo, he metido dos goles jugando al fútbol.
Sonia le mira. Sonríe. Pero no aguanta las lágrimas.
¿Por qué lloras, mamá? ¿te e puesto triste?
No, Marcos, no. Tu no me pones triste. Lloro de alegría. Lloro porque te lo has pasado muy bien.
Sonia abraza a Marcos.
¿Comemos? Te he preparado tu plato favorito.
Mientras Marcos come,ve los dibujos en la televisión. Sonia ya ha terminado de comer. Le está pelando una pera a Marcos. A la vez, observa a su hijo y, de nuevo, sus ojos están llorosos, pero se contiene.
A las seis de la tarde, Sonia había quedado con Marga, su amiga íntima de toda la vida. Marga está separada. Tiene un hijo de cinco años, Samuel. También tiene una niña de de la edad de Marcos, Celia.
Mientras Sonia prepara café, Marga espera en una silla de la cocina. Saca del bolso un paquete de Camel Light. Le pregunta a Sonia si quiere uno. Saca dos cigarrillos. Se acerca el cenicero. Tras expirar la primera calada pregunta: ¿Cómo estás? -Sonia se derrumba. Echa a llorar.
¿Lo ha vuelto a hacer? ¿Dónde?
Sonia, tiritando y entre sollozos, levanta su jersey de lana verde oscuro hasta mostrar el sujetador.
¡Qué animal! Tienes que hacer algo. ¿Has pensado en denunciarle?
Sonia, entre lágrimas, levanta la mirada. Da una calada a su pitillo, deja en el cenicero el exceso de ceniza.
¿Y Marcos? ¿Le separo de su padre por las buenas? ¡Se llevan muy bien! Él quiere mucho a Marcos y, Marcos le tiene idolatrado. No puedo hacerle eso a Marcos.
El silencio que inunda la apestada cocina por culpa del humo de los cigarrillos se interrumpe por culpa de la cafetera.
Él es un buen hombre cuando no está borracho. Nos quiere. Yo se que en el fondo me quiere. ¿Por qué me pega? ¡joder! ¿por qué? -dando un puñetazo indeble a la encimera. Las lágrimas no cesaron hasta que Marga se fue. Mañana volverían a quedar para tomar otro café.
De nuevo, Sonia se lavó la cara para no dar muestra de su desahogo. Pronto darían las ocho. Un demonio camuflado en un traje de rebajas se acercaba a casa.Abrió la puerta. Marcos salió disparado a darle un beso y un abrazo.
Ven aquí, ¡campeón!. A penas le dio tiempo a soltar el maletín.
Mamá, mamá. Papá ya está en casa.
La mirada de Sonia mostraba miedo. Rubén, en su mirada, no mostraba arrepentimiento, simplemente estaba cansado de haber trabajado durante todo el día.
¿Qué tal el día, cariño?
Bien, como siempre – contestó Rubén con sequedad.
Antes de nada, Rubén se acercó a la nevera y sacó una lata de cerveza. Luego se acercó a Sonia y le dio un beso en los labios. Un beso simple. A Sonia le recorría el cuerpo una extraña sensación, el miedo.
¿Estás bien? Te noto rara ¿No será por lo de ayer?
Sonia estaba a punto de llorar.
Ya sabes que no soy así. Yo te quiero. Mírame. Yo te quiero más que nada en este mundo.
Yo también te quiero -dijo Sonia sin mirarle a la cara.
Escucha, voy a bajar al bar a ver el partido. Hoy juega el Madrid. No me mires así. Ya sabes que me gusta ver al Madrid y tomarme algo con los colegas del bar.
Mientras se alejaba, Sonia le miraba con miedo. Se podía imaginar lo de después, pero esta vez se equivocaba.

A las doce de la noche, Rubén entraba en casa dando tumbos. En la cartera no le quedaba ni un duro. Se lo había gastado todo en copas y en la máquina tragaperras. Marcos ya dormía. Sonia le esperaba en el sofá del salón viendo la televisión. Sonia, al verle, trató de aparentar normalidad. Quería ayudar a su marido pese al miedo que le tenía.
¿Cómo han quedado?
3 a 1.
¿Han ganado?
Sí.
¿Quieres un café … o agua?
Vamos a la cama.
¿Seguro que no quieres un café,cariño?
Vamos a la cama, ¡joder!, que ya no puedo follar con mi mujer ¿o qué? Me paso todo el día en la puta oficina dejándome los cuernos y cuando llego a casa ¿qué me encuentro?
No empieces, por favor
A Sonia le temblaba todo el cuerpo. Buscaba una salida, pero Rubén se acercaba y ella no encontraba hueco alguno. Le agarró del cuello y le besó lentamente. Ella trató de separarle. En ese estado no quería nada con él. Comenzó a llorar.
Déjame, por favor.
¡Cállate, coño!
Rubén se quitó la camisa y le quitó a Sonia la parte inferior del pijama violentamente. Rubén terminó de desnudarse. Le quitó las bragas a Sonia. Quiso penetrarla, pero ella se lo quitó de encima con un empujón.
Ven aquí.
Cuando la alcanzó le dio un bofetón. Ella calló al sofá. Después, la levantó y le dio otro bofetón que la tiró al suelo. Acto aseguido, le dio una patada en la boca del estómago. Sonia estaba sin aire. No veía el final.Todo terminó con un puñetazo que la dejó inconsciente. Aquella paliza dejó a Sonia en coma.

Diversos estudios científicos, afirman que el cuerpo humano pierde 21 gramos de peso en el momento de la muerte. Las hipótesis más románticas dicen que la péridida sufrida es el alma y ese, su peso.
Sonia ha perdido su alma, pero está viva. Ahora deambula como una zombi en el mundo de los vivos con su hijo. Ya no tiene miedo, pero todavía, es frágil su estado emocional. Sonia ha decidio no volver a estar con ningún hombre. Su miedo al fracaso y su amor a Marcos han hecho que tome esta decisión.
Su vida, puede ser la de cualquier mujer que sufre malos tratos. Pensemos.

J.V.

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

Un comentario »

  1. Micho/Jorge dice:

    genial comienzo de la aventura… el ritmo que utilizas hace que sientas los golpes en los más profundo de tu ser… si ya repudiaba a los maltratadores no te cuento lo que haría en este momento si me cruzo a uno 😉

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