La llegada a La Plataforma
Hace ya tiempo, pero aún recuerdo perfectamente aquel día en el que Javi me dijo en una de nuestras cada vez menos comunes, por esa época, que estaba planificando realizar un viaje a Gredos, a la montaña. No me lo pensé, dije que sí. Siempre claro está que buscásemos una fecha decente, corrijo, buscase, pues por aquellos días ya se podía comenzar a palpar cierto agobio en la Universidad, los exámenes estaban cada vez más cerca, pero aún se podía respirar cierto aire fresco y tomar algún rayo de sol en los bancos del patio para ir cojiendo cierto morenito.
Con el paso de los días la idea se fue tornando en una realidad muy posible, y tal cariz llegó a tomar, gracias a la voluntad que se puso en ello, que se hizo realidad. Antes de comenzar exámenes ya se sabía que la propuesta se iba a llevar a cabo. Aquello me gustaba, me hacía mucha ilusión -supongo que no tanta como la que tenía puesta Javi, pues era difícil de igualar, aunque lo intenté, y por momentos de flaqueza durante los exámenes, sólo con pensar en lo que me esperaría, la igualé, sería demasiado soberbio decir que la superé.
Los correos electrónicos comenzaron a ser abundantes en mi bandeja de entrada. Había que buscar rutas, qué íbamos a hacer, qué materiales había que llevar, cuánta ropa nos llevaríamos, ¿hará frío, calor quizás? ¿no lloverá, verdad?, “he oído que hay refugios”, “nada de eso, se duerme al raso” y así sucesivamente casi día tras día.
Finalmente se fijó fecha, del 17 al 19 de junio. Ya sólo quedaba comprar provisiones, y que la gente -que poco a poco iré introduciendo- se repartiese en los vehículos que nos iban a llevar hasta la Plataforma, el punto de partida de nuestra aventura.
Si bien es cierto que yo le eché un poco de morro, pues estaba en la playa la semana antes, casi no organicé nada. Casi por vergüenza fui a comprar las provisiones en cuanto llegué junto a Javi, Balbina – Bal, para los amigos- y Mónica – mi querida, siempre de modo cariñoso, teniente. Compramos de todo, incluso cosas innecesarias, como el zumo sin azúcar, o batidos light, menos mal que había gazpachito y fruta, siempre recordaré la bolsa de naranjas como hizo dos noches en el maletero del coche y las manzanas que apenas probé, y mira que había. Una vez comprado todo ya solo quedaba regresar a casa, bajar el macuto de la parte de arriba del armario y llenarlo con ropajes, víveres, materiales apropiados y necesarios y con ilusión, mucha ilusión. Al día siguiente nos esperaría el comienzo de una gran aventura, de un Desafío.
Tristemente, de la convocatoria inicial cayeron por lo menos 5 o 6 personas, pero ganamos una guitarra que nos dio la vida. Peor fue el mismo día de la partida, otra baja se sumaría a la lista de perecederos que no pudieron, quisieron acompañarnos por unas razones u otras. Mientras nuestras caras sonreían, nuestras almas lloraban en cierta medida por la falta de nuestros amigos, pero había que tirar p´alante, ya no se podía volver atrás, ¿o sí? ¡Había que ir a recojer a Nacho!
– ” Pardiez, llega tarde este hombre!!”
Eran ya las 15:30 horas un viernes caluroso de junio y aún tocaba esperar un pelín más, pero pronto, a eso de las 16:00 conseguimos poner rumbo a nuestra pequeña “promised land”.
El atasco de salida de Madrid no hizo gracia, la verdad, al menos por mi parte, pero la música, la conversación con el siempre emocionado y alegre Javi, hizo que el atasco fuese menos atasco durante una horita en la que Nacho se estuvo dejando medio cuerpo a la deriva mientras trataba de recuperar alguna hora de sueño que le faltaba por culpa del TFC, ¡dichosos TFC!
Tras la salida de Madrid, ya por tierras segovianas camino de las avilesas, el punto, o los puntos cómicos los puso mi Tontón, mi copiloto. Hasta en dos ocasiones tomamos el rumbo equivocado culpa de las señalizaciones. ¡Si es que en España las señales están para que uno se pierda! Menos mal que la Tomtom del otro coche, el de las féminas, conducido por una más que prudente Cristina, tomaba decisiones siempre acertadas gracias, en este caso a su tontona, Bal, la cual siempre supo llevar el rumbo correcto. Si no llega a ser por ellas no hubiésemos tomado la carretera de cabras correcta que nos llevaría a 50km/h durante más de 30 o 40 km, menos mal que era el camino, secundario, pero el camino al fin y al cabo correcto. Aquel camino nos llevó derechos por la via del zigzag hacia nuestro objetivo y punto de partida, La Plataforma.

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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