¿Hay algo en el hombre que pueda calificarse de religioso? La respuesta puede parecer un tanto complicada pero ya os adelanto que la respuesta es un SI rotundo.

El hombre por naturaleza tiene una estructura religiosa. Cuando el hombre entra en la realidad, inevitablemente le surgen preguntas y deseos: Ante la muerte de alguien querido, o el pensamiento de la propia muerte. Ante la fascinación de la belleza, el orden. Ante la injusticia. Ante el aburrimiento, o la insatisfacción al alcanzar lo que deseamos. Tenemos sed de plenitud, de infinito.

Algunas preguntas tienen en común un carácter último, como por ejemplo en el fondo, ¿para qué vale la pena vivir? o la de ¿cuál es el origen y el destino último de todo?Estas preguntas nacen de la razón. A la vez que la razón no puede evitar intentar responder a las preguntas últimas, el hombre percibe también que es incapacidad de dar una respuesta exhaustiva a estas preguntas últimas.  Entonces el hombre se encuentra en una situación contradictoria y el sentido religioso se pone en marcha ante la realidad. Este sentido no piensen que es es un “sentimiento” especial, o un conocimiento directo de Dios, aún no hemos llegado a la solución. Les diré de antemano que Dios es el objeto misterioso de esa aspiración del hombre, la respuesta inaferrable a esas preguntas, pues el hombre es “capaz de Dios” y toda persona, con sus actividades, aun inconscientemente, busca a Dios.

Si lo pensamos bien, somos más humanos cuanto más religiosos somos: las grandes obras del arte,  la literatura, el cine… expresan una nostalgia, una esperanza y a la vez la incapacidad de responder esas preguntas que nos surgen como humanos que somos. Ante esta situación, caben diferentes actitudes de la libertad:

a) Negación teórica de las preguntas:

  • Las preguntas no tienen sentido. No hay que pensar en las preguntas.

http://www.youtube.com/watch?v=UupiSmJWMHU&feature=related

b) El Hombre es religioso:

  • Culturalmente lo es (entierra a los muertos, celebra fiestas…) A veces se da cuenta de esto por revelación o porque se ha llegado a comprender que así es el hombre tras razonarlo.

Esto que os he mencionado es  importantísimo para darnos cuenta de que tendemos a la FELICIDAD. Este es el fin del hombre y lo buscamos de forma consciente o inconsciente. Siempre pensamos lo feliz que seríamos con esto o lo otro. Pero siempre que alcanzamos un fin, siempre vamos a por el siguiente ¿por qué? Porque nuestra idea de felicidad no es material sino que tiende al infinito. Y ese intento de alcanzar el infinito es acercarse en vida a Dios, ya lo adelanto. Por que intentar buscar la felicidad última hace que nos preguntemos por el sentido de la vida y la existencia de Dios. Ligada a esa búsqueda de la felicidad está la tendencia a la generosidad, a prestar ayudas sin esperar nada a cambio, sólo mera satisfacción por el hecho de ayudar.

Pero la pregunta que muchos se harán es si somos verdaderamente felices. Y la gente dirá que no, por lo menos la mayoría. Y esto ¿por qué? Por que como dice Sayés, los jóvenes nos dedicamos a “Comprar la felicidad” y no nos dedicamos a hacerla. ¿Cómo la compramos? Con bienes perecederos que nos sacian una necesidad, la de estar entretenidos, pero no nos llena. (Ej: los fines de semana, cuando salimos de fiesta y hacemos botellón, otros viajan, van a ver un espectáculo, se drogan, se tiene relaciones sexuales…) Recuerdo cuando un grupo de amigos fuimos a Gredos el pasado mes de junio. Nos lo pasamos bien programando la diversión, planeando el viaje que sabíamos que necesitábamos, pues todos queríamos huir de Madrid, de su ruido, de su multitud, para cambiarlo por un concierto de ranas, otro tipo de ruido. Nos sacrificamos, fuimos compañeros y aquello nos llenó. Tanto que queremos repetir en cuanto nos sea posible. ¿Por qué dice entonces Sayés realmente que compramos la felicidad? Está claro que podemos hacerla. Pero lo que va más allá. Nos dice que es porque no desarrollamos las virtudes del alma ¡Toma ya! Hemos perdido el espíritu de sacrificio y no damos lo mejor de nosotros mismos. ¡Increíble! Pero cierto. Porque lo tenemos todo desde el punto de vista material. Cuando nos compramos algo para saciar la felicidad la verdad es que pasamos un buen rato, pero luego ¿qué? ¿el alma está llena o vacía? Esto es lo que se conoce como la paradoja del deseo. Toda acción humana busca alcanzar “algo”; pero el deseo es irreductible a los deseos, porque siempre los sobrepasa; de ahí una habitual desilusión al alcanzar el objeto de un deseo vehementemente mantenido. Descubrimos que esperábamos una plenitud mayor que la que nos ha dado; se ha satisfecho “un deseo”, pero no “el deseo” que existía en él —> Paradoja del deseo: no se puede satisfacer, no se puede extinguir (y no llega a saciar los deseos porque tiene límites, de todo tipo, físicos, psíquicos, morales…)

Decía Pascal: “Todos buscan ser felices. No hay excepciones a esta regla. Aunque utilicen medios distintos, todos persiguen el mismo objetivo. Ésta es la fuerza motriz de todas las acciones de todos los individuos, incluso de los que se quitan la vida”.

Hay respuestas que son positivas acerca de esta cuestión, como la corriente platónica  (el hombre encuentra su plenitud y felicidad en una realidad más allá de sí mismo y de esta vida);  la cultura cristiana (el hombre encuentra su plenitud más allá de sí mismo y de esta vida, pero esa plenitud comienza en esta vida y está ligada a este mundo (Dios); el absoluto inmanente de la Modernidad (el deseo constitutivo de plenitud, que abre al hombre hacia una respuesta fuera de sí mismo, a la trascendencia: estar abierto a Dios)

Pero también se han dado respuestas negativas que son las que últimamente más ahondan en la sociedad, como que no hay sentido último, ni Bien, ni Amor, ni felicidad. Que el hombre no se da la plenitud a sí mismo y que tampoco la podemos esperar de los demás. El Nihilismo es la corriente o creencia que se ampara en estas ideas: No se cree en Dios ni en el hombre, no hay nada que cumpla los deseos más profundos del hombre que lo pueda hacer feliz. A menudo nos dicen que “a este mundo no le pidas demasiado, vive el presente y no te hagas preguntas. Vive de las cosas materiales y no te preocupes más”

Pero esa gente se equivoca. Hay que tener en cuenta que la felicidad afecta a la mismidad de la vida. No se limita a aspectos parciales, sino que implica plenitud y totalidad.La felicidad es algo más profundo que sus posibles causas y efectos, como el éxito, placer, diversión. Implica aceptación de sí mismo, gratitud, don de ver el bien en todo, crecer en confianza a pesar de las experiencias negativas pasadas, coherencia con las opciones realizadas… La felicidad es una forma de esperanza y no debe ser objeto directo del deseo humano, sino fruto indirecto de la generosidad y el amor gratuito. Tiene que ver con las relaciones interpersonales de amor y con que todo esto está ligado a Dios, pues Él es la suprema felicidad del hombre. No hay que olvidar que cuando uno tiene una razón para dar lo mejor de sí mismo da lo mejor que tiene. Pero para que esto pase tiene que tener esa razón. Si no es así “se angustia” dice Frankl, “y esta es la peor enfermedad del hombre”, concluye.

Ahora ya solo queda un último paso, preguntarse lo siguiente: ¿Qué da la felicidad absoluta y cómo se llega a ella?

Bien, la felicidad nunca se puede buscar directamente, necesitamos que se haya dado la entrega de lo mejor de uno mismo por algo noble. La felicidad consiste en darse cuenta de que detrás de nuestras acciones de bien, verdad y belleza está Dios, el cual nos dice que seremos recompensados por Él aunque en el momento no lo veamos por las personas de nuestro alrededor. Y todo porque Él ya se entregó a nosotros. Cuando se da cuenta de que es posible, desde Jesucristo, dar lo mejor de uno mismo, entonces es feliz.

http://www.youtube.com/watch?v=3we9APOYN4I

http://www.youtube.com/watch?v=g4bW2YKNQkY&feature=related

Todo esto que he subido no es novedoso. A mí me lo han enseñado tarde. Perdón, me he dado cuenta de ello tarde, a los 23 años, gracias todos los personajes citados y al antiguo capellán de mi facultad. El agradecimiento que tengo hacia esta persona en particular no se puede expresar con palabras. Sólo puedo decir Gracias por todo,  y qué pena que no nos hayamos conocido antes por mi miedo y desgana a abrir una puerta que si no es por un gran amigo de Granada nunca hubiese abierto. Gracias también a tí, mon ami.

Pero tras haber interiorizado todas estas ideas arriba expuestas, y que son mucho más profundas que lo que he esbozado, un problema me invade. Lucho con él día a día. Y no es otro que el trato a una persona que sin quererlo a ciencia cierta se deja llevar por los bienes materiales para saciar sus deseos. Me diréis que con normalidad. Pero voy más allá. Ahora me encuentro en un estado en el que trato de luchar contra ese dejarme llevar. Sé que no es bueno para mí ni para el resto, y trato de hacerlo ver, pero la otra persona aún no está preparada para afrontar esta lucha. Lo digo porque aquí entra también la idea de amor y de entrega. Si el amor y la entrega se hace como búsqueda de un bien material ¿Todo lo dicho anteriormente para qué sirve? Está claro que para nada. Pero ¿cómo se educa a alguien que está obcecada en estas ideas, sobre todo si una de las partes lucha por amar con sentido y la otra lo hace para amar dejándose llevar por sus bajas pasiones, y por tanto, están condenados a no entenderse, pese a quererse? Yo aún, pese a saber la respuesta, me cuesta aceptarla por el mero hecho de querer a dicha persona. Sé que todo el discurso debe darse sin presionar. Con buenas intenciones, sin apabullar, sin querer imponer, pero también, por otro lado, es lo que hay. En el fondo, las cosas o se hacen bien para el bien, o mejor no hacerlas si lo que se va a conseguir es un mal. Y eso duele.

http://www.youtube.com/watch?v=UDhYjm71o7I

Dejarse llevar por lo material no es lo correcto. Duele.

http://www.youtube.com/watch?v=X8YiIArDgaQ&feature=related

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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