Eran las 6: 53 de la mañana, el despertador no sonaría hasta las 7:00, pero ya estaba despierto mirando fíjamente las manecillas del sencillo reloj de mesa que debería levantarme con un sonido demasiado estruendoso que hace que me levante de mal humor. Me daba pereza ponerme en pie. Destaparme fue un acto perverso. Un  frío helador recorrió todas las partes de mi cuerpo sin dejar alguna intacta.  Anduve rápido hacia el baño, no corrí, eso es de cobardes. La puerta estaba cerrada, mmm había alguien, por la hora mi padre estaría afeitándose, preparándose para ir a trabajar. Entonces me di media vuelta y dirigí mis pasos hacia el otro cuarto de baño. Luego tomé un café con leche caliente, muy caliente.

– ¿Tienes todo listo?- me dijo mi madre con cara de sueño.

-Está todo preparado. En cuanto papá deje libre el baño sólo queda que me pegue una ducha, me arregle un poco y … rumbo a Bolonia.

Rumbo a Bolonia. Eso creía. Eso ansiaba. Eso desee durante todo el mes de enero. A ver cuando se acaban los exámenes y puedo poner rumbo al descanso, a la evasión. Todos los sueños que puse en ese viaje se truncaron por culpa de un temporal. Frío, nieve, mucha nieve cubría la universitaria Bolonia. El aeropuerto cerró sus puertas. Prohibido entrar. Pero eso nos lo dijeron demasiado tarde. Ya en la Terminal 4 despedí a mi madre.

-Que lo pases muy bien. Llámame cuando llegues- me dijo con una sonrisa.

Tras dos besos me perdí en el check in y pasé a esperar al avión que me llevaría a su destino a su puerta asignada, la K81, nombre de la máquina: Benalmádena. Embarcábamos a las 9:00 pero eran ya las 9:20 y la azafata que picaba las tarjetas de embarque aún no había llamado a los pasajeros.

– ¿Señorita qué ocurre?- Preguntaron algunos pasajeros.

– Nada señor. Estamos ultimando el vuelo. Enseguida les llamamos- Así mienten en Iberia a los pasajeros.

Mientras tanto amanecía en Madrid. -2º marcaban los termómetros. Una bola naranja cegadora asomaba por el este de la Terminal. Fue en ese momento cuando otra azafata agarró el micrófono y habló:

-Señores viajeros del vuelo 8784 con dirección Bolonia. El vuelo se ha cancelado por problemas meteorológicos en la ciudad de destino. Para más dudas acudan a los mostradores de atención al cliente de la compañía situados al final de la Terminal.

Gracias señorita, pensé. Ahora he de ir a la otra punta de la sala, que cerca no queda  a pie. Haré cola, me quejaré y no me dirán nada. Perfecto. Comencé a sentirme como Tom Hanks y George Clooney en La Terminal y en Up in the air.  Pero otra cosa no podía hacer. Tomé mis bártulos, y me puse en camino del puesto de atención al cliente. Allí la espera se hizo mucho más larga. Muchos italianos se quejaban con sus gestos típicos exagerando todo y poniendo nerviosas a las señoritas que se encontraban tras el mostrador.

– ¿El siguiente, por favor?- Debió decir una de ellas.

-Señor, es su turno- me dijo un hombre con acento sureño.

– Gracias- respondí.

– Buenos dás señor, ¿en qué puedo ayudarle?- me dijo la mujer del mostrador. El cliente anterior debió ponerla de los nervios, aún estaba algo airada.

– Tranquila (sonreí) no me voy a enfadar. Entiendo que haya sido culpa del clima que no haya podido volar. No pasa nada. ¿Puedo cambiar el vuelo para más tarde?- pregunté.

– Ella sonrió. Se echó el rubio cabello hacia atrás, pasando parte de él por detrás de su oreja derecha casi como si de una caricia se tratase. Sus ojos verdes, penetrantes, y sus rojos y carnosos labios se dirigieron a mí. Tenemos una opción para el día de hoy, el vuelo de las 21:40, pero no sabremos si saldrá.-

– Bueno, ponme en él, si no sale, mala suerte. No pasa nada

– Por fín un cliente que no viene con aires de superioridad y que parece que nos comprende. Gracias por su paciencia. Le debe fastidiar no poder volar.

– La verdad es que sí, pero ¿Qué puedo hacer? es culpa del tiempo.

– Bueno, ya está todo. Aquí tiene su nueva tarjeta de embarque.

– Perfecto, muchas gracias. Por cierto, ¿sabe dónde puedo tomar un café por aquí cerca, o he de irme hasta el centro de la Terminal?

– Déjeme que le acompañe, tengo 1h de tiempo libre.

Así fue como cambié el vuelo para el de la noche, el cual, tristemente tampoco logró salir, y fuí a tomar un café con una joven trabajadora de Iberia que sólo necesitaba un rato de tranquilidad. La conversación fue agradable, trivial, sencilla. Ella era una mujer guapa, fascinante, pero triste. Tras el último sorbo a la taza hice ademán de pagar.

-No, por Dios. Déjeme. A nosotras nos hacen descuento al ser trabajadoras del centro.

-Gracias. ¿Sabe adónde he de acudir a por mi maleta?

– Vaya hacia la zona de llegadas y pídala a la señorita del mostrador de la compañía.

-Gracias por todo. Alicia. Eso ponía en su chapa que portaba a la altura del pecho en la chaqueta del uniforme de la compañía.

-No, gracias a usted. Ha estado bien el café. Que tenga suerte. Adios.

Me dio dos besos que me dejaron de piedra. El trabajador que perdió las formas. Sonreí. Sonrió. Y la vuelta a casa fue más placentera.

Así, de esta guisa pasé una mañana inmerso en la T4 de Barajas. Conteniendo la rabia por no haber podido volar hacia Bolonia, pero sabiendo capear la situación. Ya por la tarde vi que el vuelo de la noche también se canceló. Ya no podría cumplir el sueño. Pero debía acudir a la T4 a recuperar el dinero del billete. Poca cosa la verdad. Al llegar al mostrador me asomé para ver la cara de quien me atendía. No lo pude creer. Alicia me devolvería el dinero.

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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  1. -.- dice:

    En la quinta línea creo que es “anduve”, no se si andé lo habrán aceptado ya.

  2. jorgevf88 dice:

    Gracias, ya está cambiado. Si ves algún fallo más no dudes en decírmelo. A las mil de la madrugada uno ya no sabe bien lo que escribe.

  3. MR dice:

    Me encanta, tanto el texto como la actitud.

    Espero que puedas ir pronto a Bolonia, una amiga vivió allí y sigue enamorada de la ciudad.

  4. umbría dice:

    Lamento el percance, debió ser un fastidio. No obstante echo en falta una musa “fea y fascinante”.

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