Effetá

Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá”, esto es: “Ábrete”. Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad”. (Mc  7,33-35)

Así finalizaba un largo tiempo de sordera. De cerrazón. De agachar la cabeza en dirección al pecho. De agotamiento mental, de fracaso en fracaso. Pero Tú has querido asociarnos por amor a Tu labor y un corazón humillado nunca lo desprecias. Pasó una noche, pasó una mañana, el día primero.

Y de repente, una oportunidad. Algo distinto, un cambio de aire. Dejar para coger, vaciarse para llenar. Ni tres horas tardaste. Un regalo continuo, ¿por qué? Tú tienes razones que el corazón no entiende, Tus tiempos son tan particulares… Este juego nos hace sufrir, pero también le pone picante a la vida y ya sabes que eso me encanta. Pasó una noche, pasó una mañana, el día segundo.

Soltar amarras cuesta. Nunca lo pones fácil, no es Tu estilo. Siempre brindas posibilidades. Tan interesante, tan doloroso en ocasiones, tan maravilloso al final. Todo en Tu mente, nada al azar. Como dicen por ahí, Dios no juega a los dados. La casualidad muere a los pies de la causalidad. Pasó una noche, pasó una mañana, el día tercero.

Y como Te gusta ir en dirección contraria, volviste a abrirme –esta vez- los ojos. ¿Por? Una manera distinta, una energía renovadora, una chispa que cautiva. Sabes que siempre fui muy particular, pero tienes mi talla de ropa y me buscas la prenda adecuada. Ni yo mismo haría mejor compra. Pasó una noche, pasó una mañana, el día cuarto.

Sensaciones olvidadas que se traducen. Cuatro años pidiendo y ahora todo parece cuadrar. Justo cuando los planes huían de todo esto. Tus tiempos, Tus pausas, Tus procesos, Tus empujones. Estoy convencido de que Te ríes observando; en el fondo, la oración se vuelve divertida cuando compruebo la grandeza de Tu Amor y los vericuetos por donde me llevas. Pasó una noche, pasó una mañana, el día quinto.

Cada día, una aventura. Vuelta a la vida, aunque ojalá muchas cosas sigan igual. Intenté abarcar demasiado, pero colocaste tan bien las piezas que el puzle va cuadrando, con ligeros chirridos ocasionales. Cuando nos cruzamos, se revuelve mi interior. Se cayó una construcción, toca reconstruir desde el principio. Pasó una noche, pasó una mañana, el día sexto.

Y Mamá, sentada aquí en mi alma, en mis ojos y en mi puerta, dirigiendo mis motivos, mis victorias y mis guerras. Sentada aquí en mis ojos, viva en cada parpadeo, dirigiéndome a quererla mucho más que mis deseos –al menos, hace un tiempo-. Tu Manto es regazo del que no quiero salir, del que puedo escapar; ni el mejor, ni el peor, ni el primero, ni el último, ni especial, pero yo. Era el día séptimo, pero Ellos no descansan en esta historia.

¿En la vida, en la muerte, en la pena, en el gozo, en la prueba, en salud o en enfermedad? Vosotros decidís. “Y mirando al cielo, suspiró y le dijó: Effetá, que quiere decir: ¡Ábrete!

Entrego, de rodillas, mis cenizas
Cual fénix que renace de las llamas
Cuando soplas Tu aliento en mi mirada
Y haces tuya, por siempre, mi sonrisa

Luis Hernández del Hoyo (Salamanca, 1989).

Un gran amigo, inquieto, mordaz, sincero, en el fondo, un buscador de la verdad.

Gracias Luigi.

Pueden seguirle en facebook y en twitter: @LuisHdezDelhoyo

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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