Esta entrada es una grata sorpresa que me dejó descolocado en cuanto leí las primeras líneas. Para introducir esta pieza voy a dejaros con unas frases de Lev Tolstoi, un buscador insaciable de la verdad, del amor, de la felicidad:

“No se puede ser bueno a medias”

“El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace”

“La vida conyugal es una barca que lleva dos personas en medio de un mar tormentoso; si uno de los dos hace algún movimiento brusco, la barca se hundirá”

LA DECADENCIA DEL ÉLFICO CLÁSICO TRAS LA LLEGADA DEL ÉLFICO DE TOLKIEN

Como comprenderás yo no sería capaz de escribir más de media línea sobre esta parida de título ya que, ni siquiera me he leído los libros de Tolkien ni he visto las pelis de El señor de los anillos, así que no te asustes. En realidad el título es muy previsible, en cuanto empieces a leer se te ocurrirá algo, lo dejo en tus manos, creo que serás capaz. Y ahora empieza lo… “¿Bueno?”:

Voy a empezar citando a mi queridísimo Juan Pablo II, que dijo algo muy interesante sobre el amor: “El amor no es cosa que se aprenda, ¡y sin embargo no hay nada que sea más necesario enseñar!”.

El amor es un sentimiento muy complejo que todos hemos sentido alguna vez. Su complejidad empieza en su definición, en la que no me voy a aventurar a explicar con mis palabras teniendo unos versos tan bonitos que de aquellas maneras lo hacen  “Hoy la tierra y los cielos me sonríen / hoy llega al fondo de mi alma el sol. / Hoy la he visto…, / la he visto y me ha mirado… / ¡Hoy creo en Dios!”, así podríamos decir que nos sentimos cuando estamos enamorados. Su complejidad continúa en los distintos tipos de amor y así sucesivamente podemos encontrar mil razones por las que el amor es algo complejo.

Este es un sentimiento vital, TODOS necesitamos sentirnos queridos, amados, acogidos. Es un hecho científico, se realizó un estudio un poco salvaje, creo yo, con unos niños muy pequeños que no llegaban a cumplir un año; a estos niños se les metía en una habitación y únicamente se les alimentaba y se les cambiaba el pañal, no recibían ningún tipo de cariño, ni una caricia, ni siquiera una palabra dicha con afecto, al cabo de unos meses estos niños fallecían. Es un ejemplo muy brusco pero sin duda respalda la teoría de que nadie podría vivir sin un poquito de afecto.

Pero el hecho de que necesitemos sentirnos amados y queridos, no quiere decir que tengamos que ir buscando el “amor”, por llamarlo de alguna manera, a cualquier precio y en cualquier lugar. Como esas niñas que muchas veces superan aunque algunas ni alcanzan los quince años que se van a discotecas simplemente buscando que alguien se fije en ellas para que las utilicen y cuando ella ya se ha sentido “deseada” durante un rato y él ya es el más “guay” de su grupo, cada uno se va por su lado y “si te he visto no me acuerdo”. Entonces yo les preguntaría ¿Qué te ha aportado esta persona?, ¿crees que eso te va a hacer sentir mejor a la larga? Ese tipo de “experiencias” no te llenan del verdadero amor, sino todo lo contrario, cada vez te quitan más las ganas de buscar un amor verdadero, que dure, que te llene etc.

Una profesora nos comentaba en una clase que su hija pequeña un día le había dicho que un niño le había pedido un beso, como respuesta la madre le explicó que los besos son algo muy especial, que no se dan a la primera persona que te cruzas, ni siquiera los das sin ninguna razón, se dan en ocasiones especiales a personas especiales. Un beso es como un regalo entonces ¿no?, le preguntó la madre, y tú, para hacer un regalo, tienes que conocer a la otra persona y saber qué le gusta. Me hizo pensar en varias personas a las que le vendría bien un ejemplo como este para hacerles recapacitar y aquí lo dejo para quien lo necesite.

Las relaciones entre un chico y una chica deben tener sus fases previas, a pesar de que las cosas estén cambiando para mal. Primero, debe haber un encuentro, en el que conoces a una persona con la que sin entenderlo has sentido “una chispa”, esto te lleva a sentir curiosidad por la persona y el sentimiento que esta te despierta; lo que nos lleva a la segunda fase, el conocer a la otra persona; una vez que has conocido lo suficiente a esta persona como para pasar a la siguiente fase, llegas a la tercera (por acuerdo mutuo, por supuesto) aquí es donde a veces entra el amor no correspondido que nos juega malas pasadas, esta tercera fase es el conocido noviazgo y finalmente, si sale bien y estáis hechos el uno para el otro, se llegaría al matrimonio, cuarta y última fase que sus tres pilares fundamentales serían la unicidad y la perpetuidad y por supuestísimo el amor.

Para hacer eterno el amor que une a un matrimonio hay que transformarlo y hacerlo semejante a Dios mismo; para mí, el amor conyugal es una de las mayores pruebas de que Dios existe. Por eso nuestras vidas necesitan a Dios, que sostiene este amor, lo hace durar y le permite crecer.

 Paloma Martínez (1993)
Estudiante de Magisterio en la Universidad   CEU San Pablo.
Sorprendente, graciosa, una auténtica buscadora de la verdad.
Espero que este texto sea sólo el primero de varios.  Simplemente, GRACIAS Stickma ;). 
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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

Un comentario »

  1. Loli Martínez dice:

    Muy bien mi niña, una vez más compruebo la clase de personita que eres, lo grande que es tu corazón y cuantas cosas buenas hay en él. Gracias por compartir esta “visita” que seguro hará mucho bien a la gente, al menos les servirá para meditar que ya es bastante.

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