Escribir sobre el amor no es fácil. Sobre todo cuando uno comienza a sentir cosas por otra. A montarse películas, a imaginarse nuevas situaciones. Decía Colette “cuando se es amado, no se llega a dudar de nada, pero cuando se ama, siempre se está dudando”.  Me dirán que no les ha pasado que hablas con el amigo y le dices, ¿me querrá? ¿lo estaré haciendo bien? ¿con qué podré sorprender? y eso se debe a que empezamos a sentir algo por otra persona, tratamos de agradar, pero también deseamos recibir una respuesta, positiva a ser posible. Moliére, un hombre que bien sabía del amor dijo: “Cuando se quiere dar amor, hay un riesgo: el de recibirlo” Y razón no le falta al interesante autor francés. ¿Estamos dispuestos a recibirlos, o a que nos digan que no?

Pues a veces ni lo primero y, sobre todo, lo segundo. Cuando no lo recibes, la frase de Teresa de Calcuta “ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal” carece de todo sentido, por mucho que traten de hacerme ver lo contrario. Me apoyo para ello más en el gran Lope de Vega: “la raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación”.

Pero a este terreno no quiero llegar, prefiero quedarme en la duda de Colette. En el me querrá, si, no, debo proponerle hacer algo, debo esperar. Pero esto choca de inicio de nuevo con Lope, pues él dijo que “el querer no es selección, porque ha de ser accidente”. Claro, nadie elige de quien se enamora. Eso viene solo, de ahí que, quizás, crezcan las dudas. Las charlas con los amigos/as del amado/a , recibir consejos que muchas veces no sabes si funcionarán, si te llevarán a buen puerto. Muchas veces pienso: qué idiota, me comporto como un niño pequeño, hago tonterías, digo tonterías, y todo por amor. Pero me consuelo con la persona que más nos amó a todos e hizo el mayor gesto, sin importarle las consecuencias. Amó hasta el extremo (aquí la frase de Teresa de Calcuta cobra vida). Se podría llegar a decir que hizo hasta el ridículo. Como el que hace el amante hacia su amada para captar su atención. En eso me consuelo. Sabiendo bien como dice Lope, que tras un rechazo: “que no hay, para olvidar amor, remedio/ como otro nuevo amor, o tierra en medio”. Pero no es fácil. Es el momento ahora de citar a un amigo ya mencionado en otras ocasiones, Lev Tolstoi, pues él dijo que “el secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace”. Eso dicho con otras palabras, también es sinónimo de amar. Pero para ello, como nos dice Lev hay que tener un gran corazón, porque “a un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa”.

Madre mía, yo no quería hablar más que de unos sentimientos inexplicables que uno ha comenzado a sentir. Sin montarse más película que el hecho de estar sintiendo. El cual se siente dubitativo como decía Colette,y que desea como Moliére en el fondo es arriesgarse a recibir amor. Pero siempre teniendo en mente las frases de los ya amigos Lev y Félix, los cuales no sólo han llenado al abajo firmante a formarse humanísticamente, sino que también le han hecho reflexionar sobre la vida, sobre su vida y sobre cómo afrontar la vida, que no es otra cosa que amando. Porque como decía San Agustín: “Ama, y después… haz lo que quieras”. Entre esas cosas está asombrarse, sorprenderse, reír, ayudar…

JVF

Abierto a debate, ¿Para qué dejarlo más completo si lo que interesa es discutirlo?

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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  1. Bueno, yo únicamente querría señalar que en mi opinión el término “amor” debe ser manejado con mucha prudencia, pues puede ser dicho en muchos sentidos, y no todos verdaderos. Hay algunas concepciones introducidas en el texto que no me cuadran con el sentido de “querer” que se le quiere otorgar. Ya que se cita a san Agustín, comencemos por definir el amor con sus propias palabras: “que el amante quiere el bien del amado”. Eso es amor, y para llegar a cumplir con esta responsabilidad de sacrificio por el otro, que implica dejar de lado nuestro propio bien en caso necesario, hay un camino larguísimo. Si realmente se trata “de unos sentimientos inexplicables que uno ha comenzado a sentir”, puedo asegurar (perdón por mi atrevimiento) que el amor queda lejos, muy lejos, todavía.

    Por otro lado, también lejos del amor como “querer” están el resto de concepciones. Sobre los libertinos Moliére y Colette prefiero no hablar. Muy poca consideración me merece Moliére, para el que el amor, tal y como lo he definido arriba, es mera atadura moral; mucho menos Colette, con aquellas relaciones lésbicas esporádicas que poco dicen de amor verdadero. Pero ¿y Lope? El único amor que supo encontrar, el de Dios, lo traicionó siendo ya sacerdote por aquello a lo que se dedicó durante toda su vida en materia de mujeres: utilizarlas. Más allá de su genio literario, es un auténtico sinvergüenza en lo personal (intenta tener a este “amigo” bien alejado si no es por escrito). Y tal vez el conde Lev se salvara, si no fuera porque en realidad sus muestras de amor se quedan en la letra poética de su correspondencia y diarios. A la luz de los mismos (invito a leerlos en la espléndida edición de Acantilado) se percibe el egoísmo que subyacía en su persona y de la que el mismo escritor da cuenta con gran sufrimiento (la causa de ello no es otra que la autosuficiencia que aparentemente creía tener en su anarco-cristianismo).

    Teresa de Calcuta es otra cosa, mucho más próxima al tema real y verdadero del amor, pero sus palabras se refieren a la fraternidad, al amor entre hermanos que, por supuesto, puede aplicarse al amor de pareja, pero las palabras que pronunció (“dar hasta que duela, y cuando duela, dar todavía más”), sensu stricto son para el prójimo en general.

    De nuevo hago un llamamiento a hablar del amor con muchísima cautela, pese a parecer exagerado; “término” tan importante y fundamental como es, debe ser tratado con especial delicadeza para no acabar identificándolo con el sentimiento, tal y como finalmente ha sido entendido, por desgracia, en la sociedad de hoy.

    • jorgevf88 dice:

      No te quito razón, pero sólo te insto a responder la siguiente cuestión ¿Acaso no es amor aquello que otros ven como tal, véase el caso de Moliére o Colette? para ellos es amor aunque los que piensan distinto a ellos crean que el término lo están empleando de forma equivocada.
      Es cierto que se trivializa con el término, pero un debate como este no tendría cabida si se hiciese una buena definición del amor porque todo el mundo estaría de acuerdo, y no se busca esta postura. También hay que tener en cuenta que todas las citas empleadas están, en cierta medida, sacadas de contexto. Cada autor tenía lo suyo, no se puede decir que fuesen santos ni que supieran verdaderamente qué era el amor salvo Teresa de Calcuta, pero ¿acaso van mal encaminados al ligar el amor a las pasiones y formas de actuar del hombre?¿No está hecho el hombre para amar? esta cuestión no limita la forma de amar a un solo sentido, sino a todos los posibles.

  2. Por supuesto, el hombre está hecho para amar, y el amor se dice en muchos sentidos (como ya expuse en mi comentario anterior), pero no está ligado a las pasiones en esencia. Precisamente, el hombre está hecho para amar porque es un ser racional; de ahí que el resto de los animales no puedan amar. Creo que debemos pensar, en palabras de Rojas, en un “amor inteligente”, que es lo que realmente nos remite a un sentimiento permanente (valga la paradoja) fruto de la voluntad constante.

    Y, respondiendo a la pregunta inicial, no es amor aquello que otros ven como tal. Amor no es cualquier cosa. Como bien indicas, “para ELLOS es amor”. No pretendo con ello imponer mi posición, y como expones, sin divergencias no habría debate. Pero, de hecho, hemos de pensar que sólo una verdad existe, y amor, como la gran verdad que es, solo hay uno. Corresponde a nosotros valorar en qué medida anteriores pensadores, literatos, filósofos, artistas se desviaron en su formulación. Los habrá más o menos equivocados, que se acerquen más o menos a la verdad, pero debemos calificar esa circunstancia de manera radical, pues de otro modo somos nosotros los que finalmente consentimos la desvirtuación y animamos a la confusión entre dos conceptos, el del amor y el sentimiento, que muy poco tienen que ver.

    F. Bonete

  3. MR dice:

    Estoy de acuerdo con Hombre en camino en que hay dos sentidos muy diferentes para “amar”. Yo personalmente no suelo usar la palabra y no puedo evitar fruncir un poco el ceño cuando oigo a una pareja decir lo mucho que se “aman”. Creo que son dos cosas totalmente distintas, el “amar verdadero” del que vosotros habláis y el “querer” o “sentimiento”, y para mí la diferencia radica en que el “amar” nace de la entrega, del sacrificio, y el “querer” surge del egoísmo. Se ama (se debería) a “cualquiera”, se hace por sacrificio, no porque nos aporte algo a cambio, y a veces aunque nos haga daño, mientras que se “quiere” a alguien porque buscamos que esa otra persona nos complete, y se le quiere por lo que nos da, por lo que nos aporta su compañía, su presencia, etc.

    Pero bueno, es solo mi forma de verlo y de diferenciar entre ambos sentidos.

    • MR ha desarrollado a la perfección lo que yo quería indicar con aquel “que el amante quiere el bien del amado” de mi primer comentario. Estoy totalmente con ella en este aspecto. Amar significa darse al completo; siquiera esperar algo a cambio es lícito para amar. Por eso percibo el amor como la máxima expresión humana y lo tengo en tal alto pedestal. Y de ahí que haya sido también tan radical, porque cualquier desviación de este camino implica egoísmo, amor propio, una falta que en la práctica es inevitable cometer por nuestra condición humana, pero que en la teoría, el ensayo y el debate deben ser manejadas con total pulcritud. El amor lo merece.

      F. Bonete

  4. jorgevf88 dice:

    De momento Mai creo que todos estamos con Hombre en camino, pero sólo en el plano teórico. No estoy del todo seguro de si en la práctica nos volveríamos como Colette, Moliére o Lope. Hay veces que las pasiones nos llevan por delante de la razón. O peor aún, a sabiendas de que estamos traicionando a la razón. Porque cuando uno se enamora ¿acaso no se comporta como dicen estos autores y, por ende, acaban tergiversando el término amor?
    Una segunda cuestión. Estoy inquieto. ¿Querer y amar no van de la mano? ¿Acaso se puede querer si primero no se ama?
    La primera cuestión es un poco de abogado del diablo, pero con la segunda ya voy descubriendo una postura que hasta entonces no había mostrado del todo, mi postura. XD

    • Jorge, es que precisamente tu texto abordaba la cuestión del amor en el plano teórico, citando diferentes posturas del pensamiento universal sobre el amor. Podemos hablar del amor en la dimensión práctica y vital, pero eso es otra cuestión y otro debate; no se pueden mezclar si no es para tender al amor basado en la razón, que es el perfecto hasta lo que los hombres podemos llegar.

      Y sobre amar y querer, va primero el querer, no el amar. El amor es expresión última y permanente, el querer no. Solo se ama en una ocasión en la vida; querer, se pueden querer muchas, no siempre sale bien. Y estoy refiriéndome, como lo hace tu texto, al amor de pareja.

      Creo que hay cierta confusión y mezcla de conceptos, posturas, teorías y citas literarias en “tu” postura que espero sean fruto del enamoramiento en el que te encuentras.

      F. Bonete

      • MR dice:

        Estoy de acuerdo una vez más con Hombre en camino, primero viene el querer y después, con suerte, el amar. Ahora mismo solo se me ocurren dos posibilidades. La primera sería en la vida de pareja o matrimonio, cuando a pesar de las dificultades se hacen sacrificios, se llega a compromisos, con tal de mantener ese querer y esa vida en común. Es entonces cuando se ama, cuando se piensa en el otro y no solo en uno mismo.
        La otra posibilidad sería en el caso de un querer no correspondido, cuando la persona se sacrifica por el otro al que -ahora sí- ama, mediante la distancia, sabiendo que nunca va a recibir nada a cambio. Me viene a la mente “A tale of two cities”, en la que uno de los protagonistas da la vida por salvar al marido de la mujer a la que ama para que ella sea feliz.
        Seguro que hay más posibilidades pero esas son las que se me ocurren ahora mismo.

        Sin embargo, Jorge, también estoy de acuerdo contigo en que cuando se quiere, cuando hay un enamoramiento, todo se mezcla y se tergiversa. Yo hablo desde un plano teórico y desde una forma particular de llamar a las cosas. Ya en mi visita tuve cuidado de decir “querer” y nunca “amar”, si exceptuamos el “loving” de la cita de Jane Austen, que me permití porque yo siempre traduzco “love” como querer en ese contexto. Pero son manías y palabras, poco más, a la hora de la verdad todos cometemos errores parecidos y nos cegamos de forma similar.

  5. jorgevf88 dice:

    Indudablemente querer va antes que amar y todo está abordado desde el plano teórico, pues la práctica por escrito no tiene sentido. Nos estamos moviendo sobre ideales. Queramos o no admitirlo. Probablemente yo esté más que equivocado. Pero tampoco espero que seamos falsos y no admitamos que hay cierta verdad en mis acometidas. Un amor perfectamente racional es imposible, porque al hombre siempre le pasan misterios (entended como tales todo aquello con con palabras no se puede decir).
    También presiento que amar y querer se está entendiendo desde una perspectiva demasiado distinta, incluso que querer se puede acercar más al plano sexual, cuando no es este el fin, pues no somos meros objetos de uso.
    Queremos, pero queremos porque amamos. De otra manera no tendría sentido querer. Y desligar estos términos, a mi juicio es elevar y dotar de demasiada trascendencia el amor. Por otro lado también hemos de recordar que somos humanos, y como tales, erramos constantemente y, a veces, a sabiendas.
    Me ha quedado la intriga de se sólo se ama en una ocasión. ¿Cuándo? Yo como amigo vuestro os amo, es cierto que antes os he querido, pero os sigo queriendo mientras os amo. Cuando uno está en pareja, que no es mi caso, hay amor, pero también se quieren. Los dos términos se han de dar constantemente. Porque ¿se puede amar a una persona y no quererla?

  6. Creo que de nuevo hay que centrar el debate. Se está hablando de amor de pareja, no de amigos ni con el prójimo. Y abordando este tema en concreto de la pareja, no he afirmado que se pueda amar y no querer. De hecho, amar es el paso posterior a querer, es la máxima expresión entre dos personas; se trata de un escalón más, una vez subido el cual, no se puede descender, engloba el querer y todo lo demás. Y por eso solo se ama a una persona (es a lo que me refería con “en una ocasión”) y a ninguna otra en nuestra vida. Se pueden llegar a querer a muchas y que al final por circunstancias varias no lleguemos a amarlas porque algo salga mal, pero amar solo se ama a una, porque se ha traspasado la barrera del limitado querer.

    ¿Cómo no vamos a dotar de trascendencia al amor? ¡Si el amor es verdad, bondad, unidad y aliquidad en grado sumo! ¡Toda trascendencia que se le quiera otorgar es poca!

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