¿Merece la pena amar? 

Hay teóricos de las ciencias orientales que afirman que en el cuerpo humano hay distribuidos una serie de puntos energéticos, que son los núcleos de las emociones. Los pies constituyen el motor, dan sujeción al cuerpo y permiten que la emoción se asiente en el individuo. En los genitales y la cadera está el núcleo del sexo y la seducción. El estómago lo ocupan las emociones fuertes, la pasión, el estrés y el miedo. Cuando nos agobiamos se nos hace un nudo en el estómago. Por encima de él está nuestro plexo solar, en el que se acomodan plácidamente los sentimientos agradables: la felicidad, la paz, el relax, etc. Por último, tenemos la cabeza, núcleo de los procesos racionales, y coordinador de los demás.

El amor poéticamente entendido se encontraría en el plexo solar, y sin embargo cuando realmente sentimos el amor, y no de manera estética ni pueril, no sentimos gozo en el esternón, sino un nudo creciente bajo el diafragma, que va contagiándose por el organismo hasta que conseguimos o fracasamos en la conquista de nuestra enamorada.

El amor es una pasión visceral. El amor de una madre es demasiado intenso para el pecho y se desborda al estómago; el amor por una mujer o un hombre  nos exaspera, nos encoge, nos impide concentrarnos en otros asuntos, nos distrae de nuestras tareas y nos vuelve más sensibles a nuestro entorno. El amor puede ser bonito, pero por encima de apreciaciones filosóficas, el amor es un torrente de hormonas y cambios fisiológicos que transforman el cuerpo del afectado a más velocidad que cualquier virus tropical.

Antonio Machado reflexionó sobre el dolor que produce el amor y el placer que conlleva en su poema “Yo voy soñando caminos”: “En el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día, ya no siento el corazón. (…) Aguda espina dorada, quién te pudiera sentir en el corazón clavada?

¿Merece la pena el sufrimiento que produce la maldita espina dorada a cambio de sentir el amor y la pasión hacia otro ser humano? La razón afirma que no. La espina nos agría la vida, nos distrae de nuestros sueños, nos produce úlceras estomacales, cefaleas e insomnio. Nos hace sentirnos solos cuando la aguja en vez de transformarse en rosa se convierte en zarza. El amor cercena amistades y provoca depresiones. El amor no correspondido quema poquito a poco el alma de la persona. El amor traicionado endurece la sensibilidad del enamorado y le hace retrotraerse y mirar con mayor desconfianza a sus congéneres.

La aguja clavada en el corazón es de coser, y lleva con ella un hilo de alambre de espino que se enrolla en el estómago y paraliza nuestras articulaciones. Produce un humor narcótico que ahoga nuestro entendimiento y le impide ver la realidad tal como es. El amor no es bonito, el amor puede ser una mierda, una pérdida de tiempo, dinero, esperanzas, ganas, deseos, sueños, hormonas, fortaleza y seguridad. Puede dejar hundido en la miseria al hombre más feliz del mundo, hacer que sus metas académicas y vitales dejen de significar lo más mínimo.

El ser humano es inteligente, y el que ha experimentado varias veces la traición en el amor sabe a lo que se enfrenta cuando la maldita espina áurica se clava en su estómago. Sin embargo, el amor prevalece. Pese a la experiencia, el hombre siempre elimina sus corazas y se desnuda ante la flecha de Cupido. Piensa fríamente en el sufrimiento que con mucha seguridad sentirá, pero no reacciona. No lo podemos evitar: el cerebro coordina los demás núcleos emocionales, pero el estómago es la droga que hace que su funcionamiento merezca la pena. El amor es un instinto, el mayor temor del hombre es terminar solo. Es un miedo irracional, que se cura con otra pasión homóloga.

El amor es, no se define, no se concreta, se siente. La poesía y la filosofía se pueden acercar al amor. Pero ese no es el verdadero amor, es una idea platónica. El verdadero amor es una pasión irrefrenable: da igual las veces que nos caigamos, vuelve a surgir con fuerza renovada. El amor es una prostituta, pero nosotros somos sus esclavos, y por sentirlo en nosotros somos capaces de tirar nuestra vida, de rebajar nuestra dignidad, y de arrastrarnos por el fango.

Por más que nos pueda doler en los momentos malos, Machado tenía razón. El ser humano necesita el amor, y da igual el sufrimiento que pueda conllevar. Al final, si el capullo se convierte en mariposa, no hay mayor felicidad que el amor correspondido.

Germán Esteban
Estudia Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad San Pablo CEU
Hacía tiempo que esperaba su escrito. Llega en un momento especial.
Gracias, amigo, es un texto valiente.
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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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  1. jorgevf88 dice:

    Hay una gran verdad: “el amor por una mujer o un hombre nos exaspera, nos encoge, nos impide concentrarnos en otros asuntos, nos distrae de nuestras tareas y nos vuelve más sensibles a nuestro entorno”
    Pero también te pido que medites lo que decía San Agustín:
    “Ama, y después… haz lo que quieras”

  2. “El amor es, no se define, no se concreta, se siente”.
    Entonces, ¿a qué viene esa parrafada sobre el amor?

    • alekosycia dice:

      No se está definiendo, se trata de acercarse, con un lenguaje insuficiente para ello, a un sentimiento. No se está concretando, se está justificando su existencia para la plenitud del alma humana

  3. GEEHE dice:

    A que el sentimiento y los estragos del amor no se pueden definir, pero sí esbozarse mediante palabras. Sí se puede hacer un retrato abstracto, que no una definición concreta

  4. alekosycia dice:

    No se está definiendo, se trata de acercarse a un sentimiento con un lenguaje que nos es insuficiente para ello; no se está concretando, se está justificando su existencia para la plenitud del alma

    • “La poesía y la filosofía se pueden acercar al amor. Pero ese no es el verdadero amor, es una idea platónica”

      ¿Y después de leer esta proposición del autor afirmas la justificación del amor en base a la plenitud del alma? Precisamente se está negando la filosofía, y por tanto, la dimensión racional del amor que de hecho son su fundamento ¿a qué alma te refieres entonces?

      Como ya señalé en su día en relación a otro artículo de este blog sobre el amor, creo que se está hablando muy a la ligera sobre el motor de la humanidad, y las propias contradicciones internas del texto así lo remarcan.

      • alekosycia dice:

        Para sentirse pleno no hay que regodearse en argumentos filosóficos. No hay una delimitación filosófica del amor, y el filósofo de pacotilla que intente vendernos su raciocinio barato está sesgando una realidad tan polarizada como el amor

  5. Fernando dice:

    Muy al contrario, la amplía.

    En cualquier caso, me hace gracia que taches a la filosofía de “raciocinio barato” y tú no des cuenta de una argumentación fundamentada y te dediques a menospreciar la ciencia de las causas últimas sin aportar una justificación crítica…

    Eso sí es sesgar la realidad y regodearse de ello.

    • alekosycia dice:

      No tacho a la filosofía de raciocinio barato ni mucho menos, sí son baratos los argumentos que, en nombre de la filosofía, tratan de explicar un asunto tan inefable como el amor

  6. GEEHE dice:

    La filosofía trata sobretodo de temas que escapan a otras ciencias. Pero el amor no se basa en la plenitud del alma. El amor es una bomba hormonal y física, que es la materialización del terror a la soledad del hombre; y como tal, si tiene éxito llena al alma de pleitud (y con alma, no le doy trascendencia religiosa, sino meramente metafórica); pero si fracasa, le sume al hombre en una desesperación mayor.

    Al Alma, al alma que menciono en el texto no se llega por la filosofía, ni por la poesía, se llega por el estómago, por la angustia, por la bilis que produce nuestro hígado cuando llega el desamor; por las reacciones sexuales involuntarias que se despiertan en nuestro cuerpo cuando estamos próximos al objeto de nuestro amor. El alma es nuestro yo, la unión de nuestra forma y nuestro fondo.

    La filosofía no tiene que ver con el amor del que hablo. La filosofía se centra en otro amor, más ligado a otros significados más “elevados”, y a la vez alejados de la realidad. Si discutimos de amor en un plano filosófico o poético, podemos alargaros horas y horas, pero el núcleo emocional que llevará la conversación será el cerebro; hablaremos tranquilamente de él, no tendremos vergüenza ni pudor al tratarlo. Pero el amor que menciono en el texto es un amor más visceral y peligroso; un amor del que no se suele hablar, porque destroza al hombre; es un mal necesario, un mal que convierte a los hombres en unos auténticos sadomasoquistas. El amor es una Mierda. (El amor del que hablo, el del enamoramiento, el amor de vencer a la soledad, el amor de matar por él, el amor del que no se puede hablar tomando una cerveza; el que llevaba hace siglos, cuando había buena justicia, a retarse a duelos).

    Y pese a todo, el resultado de un amor conseguido unido a nuestro páico a la soledad nos lleva a desear clavarnos otra vez la maldita aguja dorada, pese a que sepamos con antelación que quizá tantos riesgos y malos augurios no merezcan la pena

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