Billetes, la compra y el macuto

Durante la semana previa a la aventura ya se comenzaba a sentir el cosquilleo, los nervios que nos indicaban que algo grande se acercaba a nuestras vidas. En estos días se formó un grupo de whatsapp en el que se irían comentando los pormenores y pormayores del desafío. También, en estos siete días previos hubo que terminar de organizar todo el viaje. Finalmente se decidió ir en autobús tras no haber podido conseguir un coche con el que realizar el trayecto hacia la Plataforma. Este autobús tardaba la friolera de cuatro horas en recorrer un tramo que, en condiciones normales, se hace en a penas un par de horas y quince minutos. Además, sólo salía al día un bus hacia el pueblo más cercano al circo de Gredos. ¡Y era a las 8:30h de la mañana!. Pese a esta mala noticia, nadie se desanimó, todo lo contrario, crecieron las ganas por acudir a la aventura, la cual crecía desmesuradamente según se añadían handicaps que posteriormente se irían solventando.

Un esfuerzo añadido fue el hecho de haber tenido que ir a comprar los billetes a la estación sur de autobuses, situada en Méndez Álvaro, justo en la otra punta de nuestros lugares de origen. Este trámite lo realizó el abajo firmante con una de las damas del grupo, Paloma. Gracias a que ella es familia numerosa los billetes nos salieron más baratos en la ida. Una vez con los billetes ya en mano, no se nos ocurrió otra cosa que gastar una pequeña broma. Algo insignificante, chispeante para los que la llevábamos a cabo y deprimente para quien la iba a sufrir. Paloma y un servidor acordamos comunicar al resto del grupo que no había billetes, que el sueño de ir a Gredos se desvanecía.

Primero llamamos a Marta, pero no atendía el teléfono. Acto seguido un mensaje en el grupo de whatsapp sembró el pánico. Javi contestó pensando, con mucha lógica, que era una broma, pero el buen hacer, el buen tino con el que se llevó el engaño hizo que terminase por creerse la broma. Entonces comenzaron comentarios como: “¿Y ahora que hacemos? ¿seguro que no hay billetes? ¿cómo es posible? ¿buscamos un plan B?” Los nervios se apoderaron del pequeño Agrela, cuyas ganas no decayeron y le hicieron comenzar a buscar nuevas formas para acudir a Gredos. Pidió a su padre que le hiciera el favor de acercarnos a todos a la Plataforma en su coche. Marta, al enterarse, también se puso histérica e intentó remover Roma con Santiago. Pidió una casa en la sierra para poder pasar, al menos, ese fin de semana. Luis sembró el pánico, enterado de la broma, diciendo que menuda faena, pues ya tenía sus billetes comprados (el iría desde Salamanca). Esto puso mucho más nerviosos a los sufridores de la broma, mientras que Paloma y yo nos reíamos al ver la situación.  Pero el momento más divertido fue cuando Paloma mostró los tickets del autobús. Las reacciones de a continuación sí que fueron divertidas. “Menuda gracia”, “sois unos ca…..”, “esta os la devuelvo”, “ya podéis dormir con un ojo abierto”… Así siguió la retahíla de amenazas y comentarios, típicos del que recibe la broma y le sienta como un tiro, durante un buen rato. Mientras que yo, no paraba de sonreír y soltar alguna carcajada por los comentarios recibidos. ¡Qué se le va a hacer! Los señores se tragaron la broma. Se la comieron con patatas.

Lo siguiente en la lista era ir a hacer la compra. Javi desapareció en el primer momento que se comenzaban a repartir las tareas. ¡Qué bárbaro! Nunca vi tanta rapidez para escurrir bultos. Se nota que tenía experiencia. Entonces, por comodidad, más que por otra cosa, se decidió que la compra la hiciesen las hermanas. Siguiendo siempre la lista. Javi se encargó de aportar lejía para potabilizar el agua. Yo de algo de botiquín, un poco de té para mineralizar el agua, y de una bebida para entrar en calor en las noches fresquitas que caerían a orillas de la Laguna Grande. La comida consistía básicamente en embutidos, zumos, batidos, y bollería para desayunar. Nos permitimos alguna licencia como el peso excesivo que aportaban los litros de gazpacho y las tortillas de patata, pero mereció la pena. Se dijo, va a sobrar comida, pero el ilustre Javier, que come con la boca pero que llena la panza con los ojos, dijo que le parecía poco. Había que añadir un poquito más. Ese poquito más ya sabrán que es peso por exceso, pero por no discutir, se llevó con mucha alegría.

Con lo común ya comprado, billetes y condumio, tocaba hacer el macuto. Había que revolver el armario para sacar la mochila, buscar la ropa de abrigo, sacarla, seleccionar la ropa, camisetas de manga larga, pantalones largos, pantalones cortos, muda para los tres días, abrigo, uno, dos, los que hicieran falta. El tiempo por la noche no iba a acompañar, rondaría los 0-5 grados con percepciones de bajo cero en alguno de los días. Luego había que añadir ropajes. Nadie pensaba dormir en el refugio salvo caso de fuerza mayor.  Así que una vez seleccionada la ropa tocaba jugar al tetris para que cupiese en la mochila y también que dejase hueco para la comida. He de reconocer que para mí fue todo un desafío también hacer el macuto. No era la primera vez que lo hacía, como en el caso de las hermanas, a las cuales se las notó muy ilusionadas, pero sí era la primera vez que lo tenía que hacer con una sola mano. El motivo se debe a que en la semana previa sufrí una abertura en la muñeca derecha que me produjo unas molestias considerables y que, aún continúan ya de forma más disminuida. Pero logré llevar a cabo esta pequeña prueba con éxito. Tardé lo mío. Comencé a las once de la noche y terminé a la una de la mañana, aunque entre unas cosas y otras no completé definitivamente el macuto, debido a los pequeños olvidos, hasta las tres de la mañana.

Desde las tres hasta las seis fue el único tiempo que tuve para dormir un poco. Tenía nervios por partir con los amigos hacia la aventura. Sabía que este año sería distinto. Algo me decía que se haría algo grande. Y sonaron las seis de la mañana en el despertador de la cabecera de mi cama. Los ojos aún no se me abrían, ni echándoles agua fría, tampoco después de una ducha vespertina semifría para entonarme. Ni con esas. Incluso se cerraron aún más al tomar el desayuno que lo formaba un vaso de leche, dos magdalenas inmensas y un zumo de naranja. Sólo conseguí despejar la vista cuando abandoné mi morada para poner rumbo a una tierra conocida pero que siempre depara algo diferente, Gredos.

JVF

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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