Regreso a casa

Amaneció en el Circo de Gredos como siempre. Esta vez nos despertamos un poco más tarde que el día anterior. El cansancio acumulado fue el culpable. Luis seguía dentro de su saco rojo, Javi apareció demasiado cerca de mí emitiendo ciertos sonidos guturales. Paloma estaba igual que anoche, boca abajo y Marta… no lo recuerdo.

Era domingo y el sol brillaba con más intensidad que los días anteriores. Como acostumbramos nada más levantarnos, un poco de aseo necesario fue lo primero que se hizo. Después se desayunó con calma más de lo mismo que la vez anterior. Esta vez se respiraba un ambiente de cierta melancolía porque sabíamos que nos teníamos que ir, que íbamos a dejar Gredos para volver a casa. El momento de hacer por última vez el macuto, la última puesta de factor solar 10-20, esos últimos “acércame las botas”, “ayúdame a doblar el saco y la esterilla”… ya no los volveríamos a escuchar. Luis empezó a meter un poco de prisa: “Vamos chicos que se nos echa el tiempo encima”.

Una vez listos comenzamos a deshacer el camino del primer día. Comenzamos a remontar la ladera empinada que en su día bajamos tranquilamente. A los veinte minutos llegó la primera parada. Los pasos eran lentos, las piernas nos pesaban, los músculos de las piernas señalaban ciertas agujetas. A alguna le entró flato. Y otros, subían y subían sin mirar atrás, mientras que un servidor, como acostumbra, cerraba el grupo.

Puede parecer broma, pero esa subida la hicimos en poco tiempo hasta llegar al mirador. Pero me había reventado. Después el camino mejoró. Las conversaciones se pudieron llevar a cabo gracias a los descansos que proporcionaba el terreno con los falsos llanos y pendientes menos empinadas. Así llegamos a la fuente del primer día que parecía que nunca llegaría y por la que las chicas preguntaron tanto durante la subida. Allí hubo una parada en conjunto, se repuso algo de energía con una manzanita, frutos secos para otros y buches de agua fresquita de las cantimploras.

Tras reponer fuerzas, Marta, Javi y Luis comenzaron el descenso final prácticamente a un ritmo vertiginoso. ¡Ni que fuesen con prisa!. El resto lo hicimos poco a poco, a ritmo tranquilo tirando a ligero. Era gracioso poder ver cómo Javi y Luis bajaban casi corriendo como si de dos niños pequeños se tratase o como si alguien les estuviese persiguiendo. En fin… Todo para que luego dijeran ya en la Plataforma que llevaban un buen rato esperando. Pues que no hubiesen corrido. Una vez allí, todos ya reunidos, Javi y Luis nos deleitaron con un pique a flexiones bastante  lamentable por parte del segundo. Fallaron las fuerzas y el orgullo quedó tocado y hundido. Y en estas apareció nuestro amigo el taxista que nos bajaría de nuevo a Hoyos del Espino para tomar el autobús de regreso a Madrid. Le fuimos contando toda la aventura, fue el primero que escuchó todas nuestras anécdotas. Es más, él mismo es parte de la historia por la ayuda prestada.

En Hoyos comimos parte de lo que nos quedaba, salvo las tortillas. Algo tendrían las tortillas para que ninguno las quisiese catar. Tiramos de napolitanas de jamón y queso, de empanadillas, de paté, de lomo, queso y pavo. Lástima que aún no quedase alguna lata de atún. Así, esperamos al autobús. El cual llegó puntual e hizo muchas menos paradas, con lo que llegamos antes a la estación. Durante el camino,  unos jugamos a las cartas mientras que otros dormían. El cansancio o la distracción del juego propició que Marta sufriese trampas y que no se enterase, poooooobre.

Llegamos sanos y salvos a Madrid, pero el Desafío, que ya esta llegando a su fin, aún no había terminado. Recuerden, era domingo y faltaba llegar a tiempo a la Santa Misa. Y llegamos. Después saludamos a amiguetes a la salida, Cande, Pablo… y luego, cada uno pondría rumbo a sus hogares con la única sensación de haber CONSEGUIDO el desafío de este año.

Nada más ver mi madre el aspecto que traía, sobre todo por la mano con la muñequera, se volvió histérica. “Eres un inconsciente, ¿cómo se te ocurre irte en ese estado?, ¿para cuánto tienes? ¿qué has hecho?”. Al final sólo me quedé con la última cuestión, pues estaba ansioso de contarles a mis padres y a mi hermano toda la aventura. Ahora no es plan que lo cuente, pues repetiría los capítulos anteriores y entraríamos en un bucle. Pero sólo les diré que el brillo en los ojos y la alegría y efusividad no desaparecieron en ningún instante.

JVF

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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