Dos mil cuatrocientos años separan la grandiosa obra aristotélica, La Ética a Nicómaco, y la extraordinaria obra de arte de Terrence Malick: El árbol de la vida. Varios siglos aíslan estas dos obras, pero una opinión generalizada las une: “me aburro”, “no lo entiendo”, “que pesadez”, “¿cuánto dura?”, “¿cuándo se acaba?”, etc.

La anterior reflexión deja entrever el fin y la desnaturalización del motor y esencia del conocimiento de nuestra existencia, el asombro, que los Clásicos llevaron a su más alta exaltación, materializándolo en las obras más leídas y estudiadas de la Historia, entre ellas: La Ética a Nicómaco. Malick, teniendo en cuenta la visión actual de la sociedad, el “Ver para Creer”, quiso llevar el asombro al séptimo arte, creando una maravillosa obra maestra en la fotografía y en su significado, consiguiendo que la idea de Virtud aristotélica, Semina Verbi, fuera la base de nuestro caminar. Aunque la masa no lo haya entendido.

La película comienza mostrándonos dos caminos para la vida: el de lo divino o el de la naturaleza; el de la virtud o el de los vicios, diría Aristóteles. La virtud es entendida como el hábito o actividad más sublime y agradable que influye en nuestro fin, la felicidad. Esta condición nos acerca a lo divino, y nos aleja de los vicios dados por nuestra condición natural (pasiones, ira, brutalidad, etc.), quedando en efímeros placeres que no alcanzan el fin. Nuestra libertad, a diferencia de los animales que no pueden elegir “porque no tienen ideas universales, sino representación y memoria de lo particular” (1147b), nos permite la elección. Debemos elegir el camino.

Los actores representan los dos caminos y sus consecuencias. La madre (Mrs. O´Brien), nos muestra la Virtud, a través de la educación que imparte a sus hijos, su vivencia, sensatez y creencia en la Verdad, el Amor. Incluso a pesar de las dificultades, declara que será fiel, “no importa lo que me suceda”. Por otro lado, observamos a su marido (Mr. O´Brien), que alejado de lo trascendental y el asombro, condena su vida a lo terrenal, recogiendo y transmitiendo, con el paso del tiempo, sus propios actos (ira, brutalidad, ansiedad, codicia), y sin encontrar el sentido a su existencia, condenándose a la desdicha, misma que trasmitirá a su hijo Jack, resumida en la reflexión que hace ante la muerte de uno de sus tres hijos: “no tuve la oportunidad de pedirle perdón”.

Al hilo de la anterior reflexión, el señor O´Brien nos muestra la oposición a la Virtud o término medio, ya que lleva todas sus acciones al exceso, cayendo en la incontinencia, es decir, la dominación por parte de las pasiones, la ira y otras exaltaciones que, como dice Aristóteles, “perturban el cuerpo y, en algunos casos, producen la locura” (1147a). Los vicios que lleva a cabo son: brutalidad, insensatez y desenfreno, a través de la rígida y severa educación hacia sus hijos, basada en la fuerza y el hundimiento del que tiene a su lado, para obtener el prestigio y la dominación. Esto hará que el joven Jack interiorice en su vida y llegue a la conclusión de que, la educación de su padre le ha hecho no disfrutar de la infancia, momento clave de la vida: “dejaste morir a un niño”, y esto repercutirá en su futuro, cuando años más tarde, el Jack maduro en un soliloquio existencial muestre su vida y lo que le rodea: “el mundo está al borde del abismo, la gente es codiciosa y cada vez peor, intentan tenerte en sus manos”; además la morbosidad también es palpable, en la codicia de la riqueza o el patrimonio, mediante las patentas que tiene el padre, y que así se lo hace saber a su hijo, para que aprenda a manejar su destino, pero la insatisfacción ante el fracaso, provoca la ira, vicio aristotélico, que “se lanza a la venganza” (1149a), a la violencia hacia el otro, a la miseria existencial.

Por otra parte, la señora O´Brien, recoge las virtudes que señala Aristóteles en su obra: mansedumbre, agudeza y tacto, ante las situaciones que aguarda la vida, sin caer en la pasión descontrolada; amabilidad hacia sus hijos e incluso hacia la propia creación; sinceridad, mostrándose como es, sin enmascarar lo que siente ante las dificultades de la vida; ama la Verdad, porque cree que así podrá llegar a la felicidad; prudencia y sabiduría, escuchando y dando el consejo adecuado a sus hijos; y la amistad, como mayor bien externo, no solo de cara a sus sucesores, sino hacia todo lo que le rodea, hacia la Creación: “el amor sonríe a través de todas las cosas”, “Amad a todo el mundo” y, “si no sabes amar, tu vida pasará como un destello”.

Ante todo esto y, añadiendo la idea humanística Virtus omnia vincit, junto a la magnífica y asombrosa fotografía de nuestra existencia y del macrocosmos moldeadas en esta película, además de la vibrante melodía del genio Mozart, nos sugiere un marco donde decidir qué camino tomar para el fin de nuestra existencia, recordando siempre nuestra cualidad más significativa, la Libertad.

Pablo Ortiz Soto

Estudiante de Humanidadesen la Universidad CEU San Pablo de Madrid.

Su blog es Borracho de Cultura  http://borrachodecultura.wordpress.com/

@Borrachodcultu

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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  1. ¡Enhorabuena Pablo! El artículo es muy valiente al hacer frente al análisis de una película tan abundante en símbolos y compleja como “El árbol de la vida”. Me ha gustado el vínculo trazado con la obra ética de Aristóteles, pese a tres dudas que me surgen:

    1. ¿Por qué se señalan en todo momento dualidades cuando esta es una idea eminentemente platónica (alejada en todo punto del aristotelismo)?

    2. ¿A qué te refieres cuando usas del término “trascendental”? Se hace un uso contemporáneo de la expresión, ajeno al sentido que imprime Aristóteles en su “Metafísica” (creo recordar que en “Ética a Nicómaco” ni siquiera aparece el término).

    3. ¿Por qué se escribe la palabra “verdad” con mayúscula si es considerado como un trascendental?

  2. plared dice:

    Película compleja sobre el origen de todo y la posibilidad del cambio. Que en realidad como todo el cine de su director es una sucesión de imágenes plasticamente bellas, de desaforado romanticismo para simplemente divagar. Ya que en realidad pocas respuestas se dan y si muchos interrogantes. Tu comentario muy bueno por cierto.

  3. portiz90 dice:

    ¡Gracias!

    Fernando:
    1. El escrito es un simple paralelismo. En ningún momento pienso en dualismos, ni en demás cuestiones filosóficas. Obra Aristóteles – Película Malick, enfocada a la vida.

    2 y 3. En el término “trascendental”, nunca he buscado la idea metafísica de Aristóteles, me refiero simplemente a aquella condición que tiene todo hombre y, que le hace pensar en algo más allá, trascender, de su propia existencia terrena (la codicia, por ejemplo, como es el caso de Mr. O´Brien). Y a la “Verdad”, me refiero a la Verdad y la Vida (ya sabes), sin, como te he comentado antes, entrar en cuestiones filosóficas.

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