La obra que tenemos ante nosotros persigue una de las metas, de hecho la única, que todo hombre debería fijar en su horizonte vital: la Felicidad. Todos, nada más adivinar la débil distancia que separa una lágrima de una sonrisa, comprendemos la distancia insalvable que separa a quienes son felices de otros pobres desdichados. Deseamos con fervor pertenecer al grupo de los primeros y, en el mejor de los casos, ser capaces de comparecernos de los segundos.

Álvaro Díaz.

Sea cual sea la etapa personal en la que nos encontremos, sin siquiera haber dedicado un segundo a pensar en ello, ciframos nuestra felicidad en función de unos valores que entendemos como deseables. Estos valores son la materia prima que nuestra mente emplea para componer su propia fórmula de la felicidad: dinero, poder, éxito, aceptación, fama, amor, amistad, espiritualidad, Dios… ¿Cuál es la combinación en tu caso?

Sin embargo, resulta que en el mismo instante en que ponemos nombre y precio a nuestra felicidad, empezamos a alejarnos de ella de manera irremediable. Una llamada al amor parte de la idea de que todos somos víctimas de una programación de la que nadie es culpable, aunque, de hecho, todos acabemos siendo parte del problema.

Imaginemos el vacío original y la inocencia que todos poseemos cuando, de niños, somos arrojados al mundo… Nuestra mirada es honesta y la realidad que percibimos clara y desprovista de cualquier prejuicio que pudiera deformarla. No concebimos una meta que alcanzar para ser felices; nuestra felicidad es plena con la mera observación de cuanto nos rodea. Imposible. La sociedad recela de un individuo así: feliz y conforme con la vida. Necesita implantar un programa que haga al hombre infeliz, y que le convierta en un ser productivo que busque constante e insatisfactoriamente la felicidad.

¿Quién es el culpable de esa programación? Ninguno lo somos; al menos no desde el principio. Muchos lo negarán, pero no existe persona alguna que sea dueña o artífice de sus propios deseos, exigencias, necesidades, valores o actitudes. Estas estructuras que han ido conformando nuestro mapa hacia la felicidad proceden de nuestros padres, la sociedad en la que hemos sido acogidos, nuestra cultura, religión y experiencias pasadas. Elementos que graban a fuego nuestra percepción acerca de cómo deber ser el mundo, cómo debe ser uno mismo y qué debe desear.

Una vez te tragas esas creencias recocidas al calor de los años y la costumbre, desarrollas automáticamente un estado de alerta que funciona ininterrumpidamente. Su objetivo: la conservación o adquisición de circunstancias, objetos y personas, por las que sentimos un apego especial y a los que, por lo tanto, les hemos otorgado el poder para hacernos felices o desgraciados. Así, derrochamos nuestros esfuerzos por aferrarnos a estos bienes que consideramos vitales, y tratar de eliminar cualquier obstáculo que pudiera alejarnos de ellos… Nos estremece la idea de alcanzarlos, nos angustia verlos resbalar por nuestras manos y nos entristece su pérdida efectiva e irremediable.

Anthony de Mello proyecta en su libro una sucesión de breves y contundentes meditaciones para, desde la iluminación y no la imposición, ir resquebrajando la ceguera que impide iniciar la marcha hacia la auténtica felicidad: la ruptura con cualquier miedo, presión o apego que pueda nublar nuestra mirada, y alcanzar a comprender que cada uno, de manera individual y en todo momento, es el único con verdadero poder para ser y sentirse feliz o desdichado.

Una llamada al amorTítulo: Una llamada al amor. Consciencia-libertad- felicidad.

Autor: Anthony Mello

Editorial: Sal Terrae

Año: 2009

Páginas: 131

Precio: 8,50€

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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