tomorrow 1Título: Mañana, cuando la guerra empiece

Director: Stuart Beattie.

Actores: Caitlin Stasey, Rachel Hurd-Wood, Lincoln Lewis, Deniz Akdeniz, Phoebe Tonkin, Chris Pang, Ashley Cummings, Andrew Ryan.

Año: 2010

País: Australia

Duración: 103′

Género:  Acción

 

Germán Esteban Espinosa.

La noche del viernes pasado echaban en la televisión Mañana, cuando la guerra empiece, una producción australiana de hace un par de años que pasó muy disimuladamente por las salas cinematográficas y que ya ha dado el salto a la pequeña pantalla. El largometraje, basado en una serie de novelas de John Marsden, presenta un argumento bastante novedoso: unos adolescentes (muy creciditos para tener teóricamente 17 años) se van de acampada a la sierra de su pueblecito de Australia, y cuando regresan se dan cuenta de que han sido invadidos por una potencia oriental a determinar. A partir de ahí, se enfrentarán a diversos conflictos y afrontarán duros cambios en su vida.

La cinta no está mal, pero es una lástima que muchos de los problemas y situaciones del guión se fundamenten en lo imbéciles que son los personajes protagonistas. Pese a eso, el largometraje sale adelante sin aburrir y manteniendo bastante bien la tensión. Los actores son correctos y las tramas son más o menos sólidas. Pero sobre todo es una buena película para que reflexionemos sobre los conceptos de defensa y seguridad en nuestro país en tiempos de paz como los que vivimos.

En España no existe conciencia de la seguridad. Muchos portavoces progresistas se quejan continuamente de los aportes gubernamentales al ejército. Son antimilitaristas y tienden a identificar las Fuerzas Armadas y los Cuerpos de Seguridad del Estado con el fascismo, el absolutismo y el mal a extinguir en una sociedad moderna y democrática.

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Este pensamiento, este pacifismo mal fundamentado, tiene su origen, al igual que otros tantos movimientos como el ecologismo, el neofeminismo o el “hippismo”, en las teorías postmaterialistas, surgidas en la década de los 60 como respuesta al capitalismo, ante el desengaño del comunismo. Vivimos en una sociedad que, pese a sufrir una profunda crisis económica, ve la guerra y las amenazas muy lejanas y casi inexistentes. Los medios de comunicación y el cine han producido el inevitable efecto de la insensibilización ante las noticias de guerra, lo que ha favorecido que la gente piense en los conflictos armados como algo cotidiano, pero más propio del tercer mundo o de tierras islámicas que del mundo occidental.

Sin embargo, es muy necesario tener unas fuerzas armadas preparadas para cualquier eventualidad. No vivimos en un mundo tan seguro. Muchas potencias tienen armas nucleares, algo especialmente preocupante cuando están en manos de un dictador fanático anclado en el pasado como el de Corea del Norte. La operación de Francia en Mali ha puesto de relieve lo cerca de España que se desarrollan las operaciones de los terroristas integristas del Sahel africano. Además, la Primavera Árabe parece que solo ha contribuido a que los religiosos asciendan al poder, porque es imposible establecer una democracia en un Estado que no sabe separar lo civil y político de lo religioso.

Un incidente como el de Perejil en julio de 2002 es un buen ejemplo para ilustrar esta fata de conciencia de defensa de los españoles. El 11 de julio de 2002, varios gendarmes marroquíes ocuparon el islote de Perejil, situado a tan solo 8 kilómetros de Ceuta. Tras intentos diplomáticos de la OTAN y la UE para que Marruecos se retirara, el 17 de julio el Gobierno español envió un comando a expulsar al invasor. El tamaño de la isla en cuestión y el gran dispositivo desplegado por nuestro ejército, provocaron mofas y burlas en muchos sectores de la izquierda española, pues consideraban excesivo el incidente y desmesurada la preocupación por una pequeña roca.

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Pero resulta que Marruecos lleva tiempo queriendo anexionarse Ceuta y Melilla, y si no hubiéramos reaccionado de esa manera, Marruecos habría obtenido una importante victoria sobre España. Hubiera sido el primero en atacar y salir indemne. Habría dado el primer mordisco de muchos. Además, si el islote pasara a ser marroquí, las aguas territoriales que rodean dicho pedrusco habrían pasado a Marruecos, con lo que la navegación española por el Estrecho de Gibraltar sería enormemente dificultosa. Todo eso se evitó gracias a la correcta preparación de nuestras Fuerzas Armadas. Fue un éxito que tendría que haber sido celebrado en nuestro país, y que sin embargo fue objeto de mofa y burla.

La  guerra ofensiva puede ser criticable, pero mantener un ejército bien formado y preparado es una necesidad constante, y destinar el dinero que sea necesario para tenerlo plenamente operativo, un deber para la nación española. La paz y el diálogo están muy bien y son la mejor opción hasta que entran en juego los tanques y la pólvora. Si llegara ese desgraciado momento, más nos valdría tener una fuerza militar suficiente para evitar ser barridos por el invasor. Desde luego, si sufriéramos un ataque, estaríamos mucho mejor sabiendo que tenemos un ejército preparado, que resignándonos a la derrota y a confiar en las labores diplomáticas de los organismos internacionales, que ya han probado su nula efectividad en la mayoría de los conflictos.

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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