Frank cartelTítulo: Un amigo para Frank (Robot & Frank)

Director: Jake Schreier.

Actores: Frank Langella, Susan Sarandon, Liv Tyler, Jeremy Strong, James Mardsen.

Año: 2013.

País: USA

Duración: 89′

Género: Crítica a la posmodernidad/ Comedia / Drama / Ciencia ficción.

Distribuye: A Contracorriente Films

 

Germán Esteban Espinosa.

Al ver esta película no podemos evitar pensar en Lipovetsky, filósofo contemporáneo que en su ensayo, La Pantalla Global, defendía que el famoso posmodernismo no es más que un hipermodernismo exacerbado, en el que impera el progreso por el progreso, y el exceso infinito.

Si entendemos por modernidad el avance tecnológico y científico, los descubrimientos, la conquista de las libertades sociales y sexuales, así como la expansión de la cultura y el fin del academicismo, entendemos que una sociedad moderna es la que utiliza todo este progreso para buscar un bienestar mayor.

Lo malo es que ya no vivimos en la modernidad, sino en la era hipermoderna, en la que los deseos de libertad y de progreso se han sublimado en una huida hacia delante, en la que prima el exceso, la tecnología por la tecnología, la búsqueda de inventos más nuevos, más portátiles y, sobre todo, más interactivos. Esta interactividad se traslada a la educación, con la obsesión por las pizarras electrónicas y la sustitución de los cuadernos por los ordenadores; a la pasión por los libros digitales que en verdad no son libros, y a la depauperación de la calidad y el nivel cultural por querer hacerlo divertido y fácilmente asequible para todos los niveles intelectuales.

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El director y el guionista han sabido captar perfectamente esa atmósfera social para trasladarnos una película compleja, que aporta numerosos e interesantes niveles de lectura, y que tiene el gran acierto de presentarnos un futuro próximo que nos parece normal y lógico. Ya no nos sorprende como lo hacían las visiones de Regreso al futuro II, o El quinto elemento. Un Amigo para Frank muestra un futuro posible: coches eléctricos y coches de gasolina, teléfonos conectados a pantallas casi invisibles de grafeno; teléfonos móviles plegables y transparentes, y robots. ´

La presencia del robot sin nombre es la que aporta el primer nivel de lectura a la película. El hijo del protagonista, preocupado por las lagunas en la memoria de su padre, decide comprarle un robot sanitario para que cuide de él, con la amenaza de internarlo en un centro de salud mental si no acepta sus cuidados. Si bien al principio saltan chispas entre ellos; un señor amante de los libros en papel, nostálgico de sus tiempos de ladrón, y un producto de la era hipermoderna que le quita sus cereales y lo obliga a madrugar y a plantar un jardín; al final congeniarán y se pondrá de relieve el dilema ético de si el robot es una persona o no lo es.

Se puede señalar un diálogo entre Frank y el robot, en el que éste le comenta que las personas pueden afirmar que piensan, luego existen, y del mismo modo él puede afirmar que sabe que él no piensa, que solo reacciona a estímulos mediante una serie de algoritmos prediseñados, por lo cual no existe. Claro, que esto realmente no aclara nada, porque aunque esa reflexión haya sido provocada por un circuito electromagnético, es un pensamiento. Del mismo modo se podría sostener que nosotros somos máquinas, porque pensamos mediante una serie de procesos físico-químicos y reaccionamos también ante unos estímulos.

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Esta reflexión se mezcla con la evolución personal y mental de Frank, y su relación con la biblioteca de su barrio, que ha sido adquirida por un auténtico gilipollas (y perdonen la expresión, pero es la más indicada para el personaje) obsesionado por lo techno y el vocabulario afterpop, que recicla los libros y los sustituye por pantallas para que sean interactivos, toca la batería con un simulador virtual e invisible, y tiene rasgos claros de inmadurez e idiocía, por no hablar de la marginación a la que somete a nuestro protagonista, al que califica de “retro-vintage”.

Otro nivel de lectura lo aportan los conflictos familiares: el hijo preocupado por un padre que pasa de él, la hija misionera enemiga de los robots; y el padre que se debate entre recuperar a sus hijos o volver a las andadas ayudado de su robot, que se convierte en su mejor amigo y una persona muy importante para él.

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En tercer lugar, es una película que no puede clasificarse en ningún género. Sale un robot, ¿Pero es ciencia-ficción? Trata de la senectud y la familia; ¿Es drama social?  Tiene muchos golpes cómicos y un humor muy inteligente ¿Comedia dramática ligeramente futurista? Además trata de atracos y robos. Entonces, ¿Qué es más sensato, decir que no tiene un género fijo, encuadrarla en el bloque temático de la crítica a la hiper/post-modernidad, o meterla en el neogénero del drama social tragicómico, medio futurista y contraposmoderno?

Que cada cuál haga su elección. Lo importante es que acudan a verla, porque es una pieza imprescindible para los amantes del buen cine, original, divertida, ácida, maravillosa y entrañable. Además, para aquellos interesados en la filosofía, es perfecta como antecedente para un debate sobre si una máquina inteligente puede ser igual de humana que una persona o no.

Lo Mejor: La relación entre Frank y el robot.

Lo Peor: Que solo dure 89 minutos.

Nota: 9,5

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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