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Jorge Velasco.

La aventura que clausuré el año pasado con una banda gris sobre los hombros y que tapaba buena parte del pecho sólo era la mitad de la formación universitaria. Atrás quedaban horas sentado en pupitres de madera esperando a que sonase el timbre de manos ásperas de un bedel con rostro cansado y edad avanzada, que fumaba tabaco negro como seña de identidad. Pero esa actitud apática sólo duró los primeros años, en los que aún no comprendía bien que estaba ante uno de los grandes retos de mi vida, una carrera. A medida que pasaban los años el interés por la información crecía, aunque su parte oscura, esa letra pequeña que es Teoría de la Comunicación o Derecho, intentasen que suspirase más de la cuenta para alcanzar el gran objetivo.

No fue hasta tercer curso cuando senté la cabeza y puse rumbo a un lugar concreto guiado por la brújula de la razón. Pese a que el corazón seguía inquieto, todo comenzaba a ir mejor. Ese Jorge que comenzó a andar por el camino del periodismo no era el mismo, algo había pasado.

Y comencé a elegir asignaturas para complementar la formación. Las optativas, para muchos, asignaturas que sólo amargan la existencia, pero que a mí, me llenaron sobremanera. Descubrí el amor por la Historia de la mano de varios profesores y también la pasión por el cine. La sensibilidad de los primeros años no tenía nada que ver con la de ese momento. Pues esos destellos de humanismo terminaron por involucrarme en un segundo proyecto, aún mucho más apasionante que el de contar la verdad de lo que pasa a la gente siendo siempre honesto, había descubierto las Humanidades.

Gracias al coordinador de la carrera pude ir convalidando asignaturas e iniciando tímidamente pero con mucha cara el camino que terminaría por completar aquellos primeros pasos que reportaron una banda gris. Por este sendero he descubierto a los clásicos de la literatura: en mi vida habría leído El cantar de Mio Cid, o Novelas ejemplares, o poesía y teatro del Siglo de Oro, y ahora estoy contento, gracias. De arte no sabía nada y ahora me llevo grandes arquitecturas, esculturas y pinturas y a sus creadores traídos de la mano de cuatro maestras que daba gusto escucharlas. La filosofía, un punto débil hasta entonces y que me ha entusiasmado. El mito de la Caverna ya no volverá a ser igual, ni el Caso Galileo o las vías tomistas. Y de la historia me quedo con algo más que los meros acontecimientos, me quedo con los porqués y para qués, y con la forma de transmitirlos, han hecho que me quedase prendido por la materia y por la enseñanza… Me he enamorado de la verdad y me ha hecho convertirme en mejor persona. Se ha ampliado mi horizonte. He aprendido a mirar un poco mejor la realidad, a comprenderla mucho más. He podido sentir sensaciones parecidas a las de los grandes artistas al intentar meterme en su piel. Y esto no hubiese sido posible si quienes me han transmitido todos esos conocimientos no lo hicieran con pasión y con amor. Alguien les mueve a ser así y me da que sé quién es.

Finalizar cuesta, pero esta vez mucho más. Cuando emprendí el camino hacia la mesa de autoridades para recibir la banda azul sabía que esta aventura que comenzó hace 6 años acababa. Y entre triste y contento, fui andando hacia el lugar que me tocaba. Estreché la mano, recibí dos besos, un diploma, una corbata a modo de presente, y una foto de recuerdo con todos los compañeros fue lo último. Se acabó la aventura del proceso de formación. Luego vinieron las enhorabuenas entre canapé y pastel cerveza o vino en mano, y las preguntas por el futuro cercano que se antoja lejano pese a estar a la vuelta de la esquina. El cual está lleno de incertidumbres, pero sin duda, será también una etapa apasionante.

Pero antes de pensar en el futuro, o en mi próximo presente, me veo obligado a dar las gracias a todos los que me han enseñado el amor por la verdad a través de sus materias. Gracias también a mis compañeros, de los que me llevo una parte muy grande de ellos. Gracias a mi familia por la oportunidad brindada y gracias a Dios por estar apoyando siempre y guiando mis pasos.  No me llevo sólo conocimientos, ni vivencias, o anécdotas, me llevo amigos, de pupitre y sobre la tarima, pues no puedo considerarlos de otra manera. Han traspasado sin querer o queriendo esa barrera, y lo han hecho para bien. A algunos puedo hasta llamarles hermanos. Y eso ya son palabras mayores.

Me despido de la Universidad CEU San Pablo con una sonrisa y gesto tímido, agradecido y con una frase de Pepín Bello, el hombre que vivió en la Residencia de Estudiantes en su época dorada y que no destacó en nada: “La religión es una garantía para que las cosas se hagan bien y yo entre que una persona sea católica o no sea católica, prefiero que sea católica”.

GRACIAS.

@Jorge VF88

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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