Kon Tiki cartel posterTítulo: Kon-Tiki.

Director: Joaquim Ronning, Espen Sandberg.

Guión: Petter Skavlan, Allan Scott.

Producción: Aage Aaberge, Jeremy Thomas.

Banda Sonora original: Johan Söderqvist.

Fotografía: Geir Hartly Andreassen.

Montaje: Per-Erik Eriksen, Martin Stoltz.

Diseño de producción: Karl Júliusson.

Duración: 118 minutos.

Año: 2012.

Reparto: Pål Sverre Hagen (Thor Heyerdahl); Anders Baasmo Christiansen (Herman Watzinger); Gustaf Skarsgård (Bengt Danielsson); Tobías Santelmann (Knut Haugland); Jakob Oftebro (Torstein Raaby); Agnes Kittelsen (Liv Heyerdahl).

Estreno:  6 septiembre de 2013

 

Germán Esteban Espinosa.

Esta producción noruega, que se estrenará en España dentro de unos meses, constituye una de las prácticas cinematográficas comerciales más originales de este año. Traslada la historia del explorador Thor Heyerdahl, que emprendió un viaje a la Polinesia en una balsa de tecnología precolombina, para demostrar que los colonizadores de dicho territorio procedían de las costas americanas y no del Oeste.

Rodada en dos idiomas, inglés y noruego, a España llegará la versión anglicana, en la que por desgracia se resiente notablemente la labor dramática de sus intérpretes, forzados a hablar un idioma que no controlan. Sin embargo, dejando de lado este pequeño escollo, Kon-Tiki destaca por su uso de la música; por su proximidad al teatro y por su huida de los estereotipos y exageraciones propias del cine de náufragos y exploradores.

Kon Tiki encuadre bueno no se aprecia gran fotografía

El cine nórdico siempre ha destacado por su innovación. En los años diez y veinte, con maestros como Víctor Sjöström, descubrió la importancia de una buena iluminación para dotar de atmósfera dramática un relato fílmico. Con El Viento (1928), Sjöström dotaba de protagonismo al clima claustrofóbico, y el ruido creciente provocado por la ventisca, producía un efecto catalizador de las emociones de la protagonista, encarnada por Lillian Gish. En el caso que nos ocupa, es la música la que se muestra como un elemento vital para el ambiente y el desarrollo de la cinta.

Está claro que no vamos a caer en el tópico de afirmar que la música es un personaje más de la película; ya sabemos que lo es. Quien esté interesado en este aspecto de la cinematografía, puede consultar las publicaciones de Michel Chion, que tiene estudios muy técnicos e interesantes al respecto. En Kon-Tiki, la música es el narrador, es la voz en off que conduce la trama.

Kon Tiki polinesia thor heyerdhal

La música es la narradora omnisciente. Es quien presenta a los personajes, explica sus sentimientos y enuncia con notas en vez de con palabras sus monólogos interiores. Destaca su capacidad para adelantarse al argumento. Muchas de las escenas de este filme siguen un esquema narrativo semejante. En primer lugar se escucha la música; una melodía empática, incidental y cargada de significado, que presenta el estado anímico del personaje que va a aparecer en pantalla. A continuación, la banda sonora adelanta a la evolución emocional de dicho personaje, hasta que la persona y la música coinciden, momento en que se alcanza el clímax de dicha escena. En otras ocasiones, actúa como elemento de fuera de campo, al representar lo que está viendo el personaje mientras mira hacia el público.

Otro de los aspectos que transforman a Kon-Tiki en una película que hubiese sido merecedora del Oscar, son esos detalles que permiten hablar de teatro en el cine, un tema complejo que suele inducir a graves errores. Al contemplar la cinta no podemos evitar pensar en André Bazin y sus consideraciones sobre las diferencias en las formas que tiene el espectador de percibir el cine y el teatro.

Kon tiki previa

El espectador de la pantalla cinematográfica establece un vínculo empático con sus personajes. Se sitúa en la piel del protagonista o de alguno de los personajes del argumento y vive en su carne sus aventuras; desea a sus amantes, odia a sus enemigos y persigue sus objetivos. En el teatro no sucede esto. El actor teatral establece un vínculo de camaradería con el público, que lo sigue y confía en él; pero que no vive bajo su piel. En el cine, el público es protagonista; mientras que en el teatro, es un simple testigo.

Bazin lo refleja con un ejemplo bastante claro: el erotismo solo funciona en el cine, ya que el público se siente en la piel del personaje y comparte sus deseos pasionales. En el teatro, sin embargo, lo más probable es que una escena sensual de estas características provoque la envidia de los espectadores, o quizá un aplauso o un sentimiento de admiración, pero nunca la misma emoción que siente el personaje.

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En un punto del argumento de Kon-Tiki, próximo al final, el protagonista, a cuatro patas, mira hacia el suelo. La cámara está colocada en la normal de su rostro, con lo que lo contemplamos en primer plano. De repente, el personaje mira directamente al objetivo de la cámara y sonríe. Ese simple gesto es suficiente para rasgar el tragaluz del infinito (parafraseando a Noël Burch) y establecer un vínculo de compañerismo con el espectador. En un instante, el público recibe la misma sensación que obtendría al contemplar una pieza teatral. Es sublime. Al sonreír, el actor sale de su personaje y le habla al espectador, felicitándole por haberle seguido en su Eneida particular, a la vez que le invita a reconocer que ha disfrutado con su aventura.

Realmente se goza con esta cinta, porque no recurre a un solo estereotipo de las tensiones que pueden surgir en la prolongada convivencia de unos hombres que persiguen un sueño viviendo en una balsa. Surgirán riesgos y conflictos, amenazas de motín y agresiones, pero nunca de manera exagerada ni explícita. Se desarrolla más bien una tensión ambiental, un agobio latente pero sujeto a la moral y a la dignidad humana. La persona no es un animal de puro instinto, sino un ser racional, que además sabe respetar a sus amigos por encima de su individualidad y sus ambiciones.

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La fotografía es excelente. No hay rastro en ningún momento del uso de focales largas sin estabilizador; o dicho de un modo más coloquial, no está filmada por operadores de cámara con párkinson. Las secuencias tropicales muestran una luz uniforme e intensa que nunca sobreexpone la escena. La nieve de la secuencia inicial no produce reflejos molestos ni fogonazos en la imagen, y las escenas de lluvia no oscurecen el rostro de los personajes, cuyos ojos son tan brillantes que parecen estar tratados con algún programa de post-producción.

Además, está perfectamente enfocada, algo que debería ser evidente para toda la producción audiovisual, pero que últimamente se pierde en numerosas piezas, como en el principio de Párker, o en algunas escenas de Lincoln, donde la fotografía es muy inferior a la calidad del resto de la cinta de Spielberg.

Kon+tiki

Todos estos elementos se conjugan con un montaje que busca dotar de una atmósfera documental a la cinta. Lo consigue mediante la introducción de planos insertos en blanco y negro mudo con textura fotoquímica, que recuerdan a la película homónima que hizo el propio explorador, Thor Heyerdahl, en 1950. Kon-Tiki resulta una apuesta interesante tanto para el espectador corriente como para el analista cinéfilo y el teórico de cine. Aporta frescura narrativa a la cinematografía coetánea.

Lo mejor: Todo.

Lo peor: Nada

Nota: 10

Kon Tiki arrflex 16 mm balsa filmando

 

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Acerca de jorgevf88

Me gusta el cine, el teatro, la literatura, los deportes, la música desde Abba a ZZtop. Busco la verdad constantemente.

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